Caudillismo y confianza: el eslabón perdido de la economía cubana

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Por Ulises Toirac ()

La Habana.- La recuperación de la economía cubana, sean cuales sean y cuantas sean las medidas que se tomen, pasa por un escenario de confiabilidad en las leyes y las instituciones. Es el eje. La práctica de los poderes en su sitio, de manera que el inversionista vea una estructura que proteja no solo su dinero, sino también marcas, mano de obra, recursos inmobiliarios, logística, etc. La estructura de poderes debe demostrar ser sólida, tener la capacidad de litigar los procesos con apego a las leyes.

El caudillismo en Cuba es una de las peores secuelas históricas. Ha sido palanca y guillotina según jugó su papel. Forma parte del ADN. Nosotros no anhelamos un presidente, sino un timbalú. Somos pandilleros por antonomasia. Más que guiarnos por la razón, nos mueve la muela bizca y ese ángel que despliegan los buenos manipuladores, que se demuestra finalmente que son ángeles exterminadores.

Hay ejemplos en toda la historia cubana que demuestran nuestra inclinación a soportar caudillos convertidos en tiranos, imponiendo un interés cuya plataforma se desmorona delante de la realidad. Pero no importa… La muela bizca, o parafraseando al más ilustre de los cubanos: «La muela me convence más que el ver».

En la actualidad no tenemos el caudillo que nos toca por la libreta. Díaz-Canel no tiene las herramientas que se necesitan para ello y, por otro lado, la crisis de liderazgo que dejó el paso de Fidel Castro por la escena impone un tipo durísimo, no uno duro… Un superduro. Y no.

Hablando de Raúl Guillermo

Además de la vara que dejó Fidel, en tanto «ángel», también se dedicó a usar combustible y fuego donde quiera que empezara a surgir liderazgo alternativo. Minuciosamente. Desde Camilo hasta Ochoa y Lage. El resultado es un grupo de cercanos sin CCC (cerebro, criterio y cojones) y sin ganas de tenerlo. Aquiescencia y paloqueseafidel. El caudillismo transmitió a falta de caudillo. Deposita en la familia el legado y las lealtades, en estado de crisálida, esperando.

«Este loco está desvariando —puedes pensar posando en mi pupila tu pupila azul—. Empezó hablando de confianza pa’ lo de las medidas y brincó pa’ lo de los caudillos. Está fundido con el NavidoSEN, con su prendeyapaga festinado». Error. Voy pa’ ti: nada infunde menos confianza inversionista que una dirección caudillista de la economía, porque los caudillos suelen limpiarse el inán y sus alrededores con lo que sea cuando no les cuadra algo.

Priman sus ideas sobre todo lo demás. Por si a alguien le quedaban dudas, una buena cantidad de empresarios se quedó sin cobrar adeudos y se tuvo que largar con el rabo entre las patas y desplumao como el gallo que perdió en la valla. Para invertir con tranquilidad, la ley está en la azotea y de ahí p’abajo todo lo demás. Si hay una barbacoa, ya se jodió la cosa.

Y ahí es donde la señal que envía el fenómeno acaecido con Guillermo Raúl es una distorsión negativa que contradice la necesidad del país. Hay un escalafón institucional —supuestamente— para dirimir diferencias con cualquier país: presidente, primer ministro, presidente de la Asamblea Nacional, ministro de Relaciones Internacionales, canciller, viceministros de Relaciones Internacionales… un largo listado institucional para negociar, sobre todo con Estados Unidos, términos de vitalísima importancia. Y no.

Raúl Guillermo emerge y la parte americana lo acepta como interlocutor, y esto apunta en la dirección errónea. Puede todo el mundo limpiarse el inán y sus alrededores con la necesidad a mediano y largo plazo, pero no es otra cosa que hacer evolucionar el caudillismo feudal genético cubano. Y eso, a la larga, no genera la confianza que necesita un empresario pa’ ponerle en el bolsillo a Guillermo Raúl… digamos 20 millones de dólares para hacer un central azucarero. Piensa lo fríamente. Y ojalá no te pasen además por la cabeza las imágenes de fiestas y yates. ¿Ya?

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