Fomentos acoge el Día Nacional de la Defensa como si estuviera en el siglo XIX

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Por Jorge Sotero

Fomentos.- Hay países que hacen simulacros para prepararse ante terremotos, incendios o grandes catástrofes. En Cuba, en cambio, el gran espectáculo consiste en ensayar viernes tras viernes cómo repeler una invasión que nadie tiene la menor intención de ejecutar.

En Fomento, por ejemplo, movilizaron brigadas, activaron grupos de trabajo, colocaron minas y organizaron una emboscada contra un enemigo imaginario. Mientras tanto, el verdadero enemigo —el hambre, los apagones y la miseria— seguía avanzando sin encontrar un solo soldado que le hiciera frente.

Deivy Pérez Martín, presidenta del Consejo de Defensa Provincial, dejó una orientación que parece sacada de una película de humor negro: como los cortes de electricidad serán prolongados, hay que crear puntos para que la gente vea la televisión y escuche la radio. Es decir, ya ni siquiera esconden que los apagones llegaron para quedarse.

La prioridad no es resolver el problema eléctrico, sino asegurarse de que el pueblo pueda seguir escuchando la misma muela oficial aunque lleve tres días cocinando con carbón.

Las maniobras militares tampoco tuvieron desperdicio. Hubo prácticas de desplazamiento, colocación de minas y tiro de combate, para terminar con una heroica emboscada contra unas tropas enemigas que, casualmente, nunca aparecieron.

Es una guerra bastante cómoda: el adversario solo existe en los discursos. Si dedicaran la mitad de ese entusiasmo a sembrar alimentos o reparar una termoeléctrica, quizás el país estaría un poquito menos destruido.

Por si fuera poco, las autoridades revisaron cómo abastecer de agua a la población mediante tracción animal. En pleno siglo XXI, la solución oficial no es modernizar el sistema hidráulico, sino regresar al caballo y la carreta. Después hablan del bloqueo como si el atraso fuera importado. Lo que están ensayando no es una estrategia de defensa; es un viaje acelerado al siglo XIX, con la diferencia de que ahora lo presentan como una conquista revolucionaria.

Como no podía faltar, el ejercicio terminó culpando a Estados Unidos de todos los males. Esa parte del libreto jamás cambia. No importa si están colocando minas, repartiendo agua en carretas o buscando un televisor con batería para que alguien vea el Noticiero: al final, la culpa siempre será del vecino del norte. Mientras tanto, el único combate que pierde el régimen todos los días es contra la realidad, y en esa guerra lleva décadas acumulando derrotas.

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