
Lo que Cuba necesita al cruzar el umbral de la libertad
Por Jorge L. León (Historiador e investigador)
Houston.- Cuando el régimen cubano desaparezca, surgirán innumerables voces. Algunas permanecieron en silencio durante décadas; otras propondrán proyectos inspirados, con distintos matices, en las mismas ideas que condujeron al país al desastre. Entre ellas volverá a aparecer una palabra que la revolución vació de contenido: igualdad.
No existe nada más peligroso que una palabra hermosa utilizada para justificar la opresión. Durante más de seis décadas, el poder convirtió conceptos nobles en instrumentos de manipulación. Lo hizo con «revolución», con «justicia social», con «solidaridad» y con «igualdad». Detrás de esos términos se ocultaron privilegios, corrupción, persecución política y la concentración absoluta del poder.
Cuba no necesita nuevos discursos revestidos de sentimentalismo. Ya ha sufrido demasiadas promesas incumplidas. La experiencia histórica demuestra que los regímenes populistas siempre comienzan hablando en nombre del pueblo y terminan gobernando contra él.
La primera necesidad de una Cuba libre será el respeto absoluto a la dignidad humana. Ningún ciudadano debe volver a ser perseguido por sus ideas. La libertad de expresión debe ser un derecho inviolable; la libertad de prensa, una garantía permanente; y el derecho de asociación, una condición indispensable para la existencia de una sociedad verdaderamente democrática.
Elecciones libres
La futura República necesitará elecciones libres, competitivas y transparentes. Cada cubano deberá tener el derecho de elegir y de ser elegido para cualquier cargo público, sin exclusiones ideológicas ni partidos privilegiados. La soberanía debe regresar al pueblo y dejar de pertenecer a una élite política.
Será indispensable una Constitución auténtica, situada por encima de cualquier organización política. Ningún partido podrá colocarse por encima de la ley, ni modificarla según sus intereses. La Constitución deberá proteger al ciudadano del poder y no al poder frente al ciudadano.
Del mismo modo, quienes administren los recursos públicos deberán responder con absoluta transparencia. Todo funcionario tendrá que declarar su patrimonio al asumir el cargo y al abandonarlo. La comparación entre ambas declaraciones constituirá uno de los mecanismos más eficaces para combatir la corrupción. Las finanzas suelen revelar aquello que los discursos intentan ocultar.
Cuba también necesitará reconstruir el verdadero papel del Estado. El Estado existe para servir a los ciudadanos, garantizar sus derechos y administrar con eficiencia los bienes públicos. Nunca más deberá exigir obediencia ciega ni convertirse en dueño de la vida de los cubanos.
Reconciliación
Será igualmente necesario recuperar nuestras raíces intelectuales y morales. Cuba no necesita importar doctrinas fracasadas ni copiar modelos extranjeros. Posee una tradición propia de extraordinaria riqueza en José Martí, Félix Varela, José de la Luz y Caballero, Ignacio Agramonte y tantos otros pensadores que defendieron la libertad, la virtud cívica y la responsabilidad individual. Quien dispone de agua limpia no necesita beber de aguas turbias.
La recuperación económica exigirá reconocer plenamente la propiedad privada, proteger la iniciativa individual y premiar el mérito, el trabajo y la creatividad. Ninguna nación prospera castigando el esfuerzo ni repartiendo pobreza en nombre de una falsa justicia social.
Finalmente, Cuba necesitará reconciliación dentro de la justicia. Paz no significa impunidad; significa convivencia bajo el imperio de la ley. El país necesitará instituciones que protejan a los ciudadanos, una policía dedicada a combatir el delito y nunca más a perseguir al disidente.
La libertad será apenas el comienzo. El verdadero desafío consistirá en construir una República donde el poder vuelva a tener límites, donde la ley sea superior a los gobernantes y donde cada cubano pueda vivir sin miedo, trabajar con dignidad y expresar libremente sus ideas.
Ese será el mayor triunfo de la nación: dejar atrás el ciclo de las promesas y entrar, por fin, en la era de las instituciones, la responsabilidad y la libertad.






