Denuncian grave foco de contaminación junto a un círculo infantil en el reparto pinero Abel Santamaría

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Por Yanet Pérez

Nueva Gerona.- Lo primero que llama la atención de esta denuncia es el intento de repartir las culpas entre los vecinos y la comunidad, como si el problema principal fuera la falta de civismo. Claro que nadie debería lanzar basura en las calles, pero resulta demasiado cómodo señalar al ciudadano cuando el Estado, que monopoliza los servicios de recogida de desechos, lleva años demostrando que es incapaz de garantizar algo tan básico como un sistema eficiente de saneamiento.

La basura no permanece durante días o semanas por arte de magia; permanece porque nadie la recoge.

El caso del reparto pinero Abel Santamaría es apenas un reflejo de una crisis nacional. En Cuba, los vertederos improvisados, las aguas albañales corriendo por las calles y las fosas desbordadas dejaron de ser una excepción para convertirse en parte del paisaje cotidiano.

Basta recorrer cualquier municipio de la isla para comprobar que el deterioro de la infraestructura sanitaria es generalizado. Sin embargo, cada vez que un medio oficial aborda el tema, termina encontrando en la «indisciplina social» al culpable perfecto.

Denuncian grave foco de contaminación junto a un círculo infantil en el reparto pinero Abel Santamaría

Resulta todavía más indignante que toda esta situación ocurra junto a un círculo infantil. Mientras el discurso oficial insiste en que los niños son «la esperanza del futuro» y presume de un sistema de salud ejemplar, cientos de pequeños deben convivir diariamente con moscas, mosquitos, roedores y aguas residuales. No existe propaganda capaz de ocultar esa contradicción. La realidad habla mucho más fuerte que cualquier consigna.

El propio oficialismo reconoce que el problema ya había sido atendido anteriormente mediante movilizaciones y acciones temporales. Ahí está precisamente el fracaso: en Cuba casi todo se resuelve con operativos, jornadas voluntarias y campañas de emergencia, pero muy pocas veces con soluciones definitivas. Se limpia hoy para que dentro de unos meses todo vuelva a estar igual o peor. La improvisación ha sustituido desde hace años a la planificación.

Lo que ocurre en Abel Santamaría no necesita más llamados a la conciencia ni discursos sobre responsabilidad colectiva. Necesita camiones de recogida de basura funcionando, alcantarillado reparado, inversiones en infraestructura y autoridades que respondan por su gestión. Mientras esas soluciones no lleguen, culpar únicamente a los vecinos será otra forma de esconder la responsabilidad de un Estado que lleva demasiado tiempo permitiendo que la insalubridad se convierta en la norma para millones de cubanos.

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