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Por Jorge Menéndez ()

Cabrils.- El gobierno cubano ha añadido un nuevo argumento a su discurso: el “temor a la concentración de riqueza”. La advertencia, lanzada por el presidente Miguel Díaz-Canel, ha encendido las alarmas entre los inversores que veían en las recientes 176 medidas un atisbo de apertura. Pero la realidad, según analistas, apunta en otra dirección.

Las 176 medidas no responden a una visión estratégica ni a una auténtica reforma económica, sino a la crisis generada por décadas de un sistema que ha perpetuado la escasez. En cualquier otro contexto, el régimen jamás habría dado este paso. La apertura, si es que puede llamarse así, es una concesión forzada por la miseria, no un cambio de rumbo.

Díaz-Canel ya ha dejado claro que no permitirá concentraciones de capital privado ni desigualdades. Pero esa frase encierra una advertencia para los inversores: las desigualdades ya existen, creadas por la dolarización impuesta por los negocios privados del propio gobierno. Cuando el gobierno dice que estará “vigilante”, repite su doctrina de siempre: cualquier negocio que no encaje en sus intereses será crucificado ante el pueblo, sin importar el capital invertido.

La inversión no tiene atractivo alguno

Un país sin reglas claras, estables y aplicadas por igual para todos jamás será atractivo para la inversión. Sin embargo, el gobierno ya tiene la excusa perfecta para anular cualquier negocio que prospere: la “no concentración de riqueza”. Miles de planes y promesas han fracasado, y cada uno ha empeorado la vida del cubano. La realidad es que los dirigentes miran primero su propio bolsillo, y la miseria es el resultado inevitable.

El inversor que quiera arriesgar su dinero —como ya lo han perdido otros— debería saber que los negocios “al gobierno” serán, en la práctica, del gobierno. Por mucha titularidad de Sociedad Limitada que aparezca en el papel, funcionarán solo mientras paguen el impuesto revolucionario y mientras los amos del régimen lo permitan. Por mucho que insistan en que estas medidas “perfeccionan el socialismo”, todos sabemos hacia dónde va el país.

El socialismo, como sistema, ni existe ni puede sostenerse por su propia esencia. Solo hay dos caminos: seguir aguantando los planes inútiles de la mafia que gobierna Cuba, con todas sus consecuencias, o tomar conciencia de que tienen que irse. No hace falta ser científico para verlo: la mafia castrista es el cáncer que corroe a la sociedad cubana.

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