
La luz no miente
Por Luis Alberto García
La Habana.- La “lú” se chivatea a sí misma. No hay manera de esconderla. Se escapa por cualquier rendija y entra por los ojos.
Pasa con ella lo mismo que cuando se cocinan mariscos, se tira en la sartén un bistec de cualquier ubre blanca o la cafetera anuncia que el oro negro “ya coló”.
Vayamos al forúnculo:
Nadie protesta porque a un enfermo con necesidades especiales ( tenga la edad que tenga) se le asigne un módulo fotovoltaico. Por el contrario.
Ni porque sea premiado con ello un notable científico, de esos que podrían estar forrados de dinero en otras latitudes. Han salvado e insisten en seguir salvando vidas. Andan rumiando grandes y muy necesarios descubrimientos.
Tampoco cuando se trata de ciudadanos que “sin sumar a sus bolsillos lo que resta” han conseguido total o parcial independencia de la UNE y de la voz de Bernardo, por méritos propios o gracias a la ayuda de quienes fueron insultados y estigmatizados durante décadas y hoy se ocupan de sus familiares desde todos los exilios de este mundo. Al que le tocó… que San Pedro se lo bendiga.
La gente sabe
Ah… pero tratándose de quienes constantemente agitan el estandarte del sacrificio necesario, del “sísepuedismo”, de la Numancia eterna, que romantizan el apagón y son una consigna ambulante, entonces sí que a los Liborios, desde sus negruras, se les calientan los metales y les chillan las gomas cuando les ven alumbraditos.
Más de una vez he escuchado que se trata de compañera/os que “por la importancia de las labores que realizan” al frente DE LO QUE SEA, deben tener energía eléctrica en sus aposentos privados.
Argumento éste que se me antoja válido, en medio de las terribles condiciones en que estamos sobreviviendo, para que también fueran “premiados” ciudadanos que ejercen cientos de profesiones y oficios bastante más importantes que dirigirnos o pastorearnos.
Realmente no deberían existir reparticiones ni prioridades y sí energía eléctrica para TODOS. Pero ya que no se puede, invito a tener sentido común y fundamento. A SER CONSECUENTE.
El discurso enardecido tiene que ser directamente proporcional al nivel de vida que se tiene o no se cree en quien lo enarbola.
Por último:
La CONSTITUCIÓN permite las protestas pacíficas. Al menos en el papel.
Ya es costumbre que cada vez que un grupo de vecinos o un barrio casi entero se va a la calle, sin cometer hechos vandálicos ni agresiones, las autoridades se presenten en el lugar de los hechos, establezcan cierto diálogo, prometan, calmen enardecimientos, pongan la luz y… al amanecer del siguiente día ya estén buscando casa por casa, pasillo por pasillo y azotea por azotea, ¿quién o quiénes tocaron la primera cacerola o sartén o lideraron la gritería?
Darle golpes a un utensilio de cocina propio NO ES UN DAÑO A LA PROPIEDAD ESTATAL.
Expresar VERBALMENTE descontentos, angustias y deseos NO ES DELITO.
Entonces, cargar hacia una Unidad de la PNR o a una oficina de la Seguridad del Estado con personas ( incluso madres con niños pequeños en brazos) que no han violado la Constitución es ANTICONSTITUCIONAL y MUY MUY ANTIDEMOCRATICO.
Ese proceder, lamentablemente ya habitual, no es culpa del bloqueo.






