La intolerancia política y el peso de 67 años de dictadura en Cuba

Comparte esta noticia

Por Joel Fonte ()

La Habana.- Lo que jamás podrá entender la intolerancia política, la visión totalitaria del poder, es que ocupar un cargo público no genera privilegios excepcionales en ningún sistema democrático.

Es obvio que los funcionarios de mayor relevancia dentro del aparato del Estado deben contar con recursos materiales y medios superiores, porque la función que desempeñan así lo exige. Pero en ningún caso pasan de ser servidores públicos: están ahí para cumplir un mandato recibido en las urnas. Deben desempeñar con eficacia sus responsabilidades, rendir cuentas ante los otros poderes del Estado y velar por la institucionalidad democrática.

El principal de los poderes en un sistema republicano es el Ejecutivo, encabezado por un presidente. Él es el máximo responsable de garantizar la independencia de los poderes del Estado —Judicial y Legislativo—, que a la vez se articulan como contrapesos. También debe asegurar la alternancia en la función pública mediante elecciones periódicas, supervisadas y universales; la pluralidad política con el más amplio espectro de partidos; y la protección de los derechos individuales: propiedad privada, reunión, manifestación, huelga, sindicalización independiente, libre expresión, derecho a la información veraz y a la creación de medios de comunicación.

No es tiempo de caudillos

En un mundo interconectado por internet y las redes sociales, es habitual ver cómo en cualquier país se establecen imputaciones penales contra presidentes o primeros ministros, o cómo se desatan batallas parlamentarias entre facciones políticas para imponer o anular leyes. Eso es democracia.

Como citó alguna vez el Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa: algo muy novedoso para sociedades humanas acostumbradas a la tradición ancestral de la tribu, a ser guiadas por un caudillo o por el más fuerte.

De esa filosofía tribal y mentalidad anómala para el disfrute pleno de derechos, la Cuba republicana se separaba gradualmente hasta que Fidel Castro, con su mentalidad mesiánica, irrumpió en la vida nacional e impuso su dictadura.

Han pasado 67 largos e interminables años. Generaciones enteras han sido víctimas de un adoctrinamiento que excluye todo lo que se parezca al ejercicio de la dignidad humana. Por eso, si aparece un cartel que propone el disenso político, el régimen lo combate como el más grave de los peligros. No más dictadura en Cuba. Basta de tolerar injusticias. No más temor.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Lo más consultado hoy