«Si no lo sueltan, esto es guerra»: la angustia de una madre tras la detención de su hijo en La Habana

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Por Tania Tasé ()

¡¡DENUNCIA!!

Berlín.- Se llama Walter Junior Blanco Prieto y tiene 26 años. «Y si no lo sueltan, esto es guerra». Con esa frase me escribió la noche del 4 de agosto Leticia Prieto, la madre de Walter Junior Blanco Prieto. Ya era 5 de agosto aquí en Alemania y fue lo primero que leyeron mis ojos cuando desperté. El mensaje tenía un par de horas y, como siempre, lamenté estar dormida precisamente cuando alguien en Cuba me necesita.

Aún antes del café, veo la noticia de CubaNet Noticias referida a la protesta en La Habana Vieja la noche del 4 de agosto, concretamente en Egido y Gloria. Y pienso, como todas las mañanas: «Uff, eso se calentó». Y en sentido completamente literal: hubo quema de basura y toque de calderos hasta sacarle chispas.

Horas después entran más mensajes de esta madre angustiada: «Mi hijo tenía un pañuelo amarrado a la cara, que le tapaba la nariz y la boca, porque él es asmático y el humo de la basura le hace mucho daño. Me contaron que la policía se le abalanzó por la espalda —él nunca los vio venir— y le dieron muchos golpes. Muchos, muchos golpes. Lo esposaron y se lo llevaron para la unidad de Dragones (PNR). También detuvieron a otro muchacho que no conocemos y a una joven que tiene dos niñitos, uno de cuatro años y otro de seis».

Leticia estaba bastante lejos de La Habana Vieja, en Boyeros, y cuando le avisaron que se habían llevado a Walter Junior, se movilizó. Cuando llegó a Dragones, le dijeron que lo habían trasladado a la unidad de Picota (PNR). Allí recibió informaciones contradictorias. Primero, que tenía que poner una fianza de 7.000 pesos; después, que a su hijo lo iban a soltar si pagaba una multa con esa misma cantidad. Siete mil pesos es una cifra astronómica para esta mujer que no tiene ingresos. Aun así, con la ayuda de los amigos de su hijo, logró reunirla. Para entonces, ya el juego de las autoridades cambió: quieren hacerle una causa por vandalismo al muchacho. «Él no puede dar candela, Tania, el asma me lo mata».

Hubo varios días sin comunicación porque el teléfono de esta madre está roto y solo funciona cuando está conectado a la electricidad, y además por la conexión pésima o inexistente a internet.

Hoy llega la triste confirmación de mis peores temores: este joven de 26 años fue trasladado a la prisión Valle Grande. Lo obligaron a firmar —ya se sabe con qué métodos— una confesión de ser cabecilla, haber iniciado la protesta y pegar fuego a los basureros. Hay testigos de que él solo se sumó a la protesta mucho después de iniciada; esos mismos testigos vieron cómo lo golpearon por la espalda y lo metieron en un carro patrulla, desapareciéndolo para siempre. Ojalá estas personas tengan valor y den fe de eso en un juicio.

«Mi niño no es malo, Tania, te lo juro por mi madre muerta y por él mismo, por su vida. Es bueno, no tiene antecedentes penales, le gusta leer y tiene muchos amigos que lo quieren bien y están destruidos por esto que está pasando».

—No tienes que jurarme nada, madre. YoSíTeCreo en Cuba: yo sí te creo.

Ojalá sus amigos levanten la voz por él y por ella. No hay peor soledad que gritar a solas. Y yo sé muy bien de qué estoy hablando.

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