Alina Bárbara López Hernández: «el régimen está en sus estertores finales»

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Por Anette Espinosa

Matanzas.- Alina Bárbara López Hernández volvió a salir el 18. Y volvió a ser detenida. Esta vez ni siquiera llegó al Parque de la Libertad de Matanzas, donde desde marzo de 2023 realiza cada día 18 una protesta cívica para reclamar, entre otras cosas, la libertad de los presos políticos.

La profesora salió de su vivienda y fue interceptada a la salida del reparto en que vive. Casi cinco horas permaneció retenida en una estación policial, según relató posteriormente. Es la quinta detención que denuncia este año.

Lo curioso —o lo preocupante— es que el operativo ya parece formar parte del calendario. Alina cuenta que todavía no se han atrevido a poner una patrulla frente a su casa porque saben que no obedecerá una orden de permanecer encerrada y que, para detenerla, tendrían que hacerlo delante de una comunidad de vecinos.

Según su testimonio, los agentes de civil comienzan a vigilar desde la madrugada del día 17, incluso haciéndose pasar por custodios de una secundaria básica cercana. Esta vez la llevaron al mismo salón de reuniones de la estación que había ocupado el mes anterior, aunque ahora permaneció vigilada durante toda la retención.

Como siempre, llevaba un libro. En esta ocasión fue Morir de exilio lejos de Cuba, de Uva de Aragón, una lectura que terminó convirtiéndose en una especie de compañía involuntaria durante aquellas horas. Alina cuenta que el libro le hizo pensar en los cubanos que murieron lejos de su país y en quienes permanecen dentro, sometidos a una suerte de “exilio hacia dentro” o insilio.

Mientras leía, llegó la instructora enviada desde Seguridad del Estado para advertirle que había violado la reclusión domiciliaria al salir a manifestarse. Alina respondió que también las autoridades violan la ley al mantener paralizado el proceso judicial que debería permitirle a ella y a Jenny Pantoja Torres ejercer su derecho a defenderse.

La respuesta de la funcionaria fue, según el relato de Alina, de esas que ya ni siquiera necesitan disfrazar la arbitrariedad: el juicio se celebrará “en algún momento”, quizá este año o el próximo, pero mientras tanto será detenida cada vez que intente manifestarse.

Ahí está el problema. Durante meses se podía pensar que las autoridades buscaban una explicación jurídica para justificar la demora. Ahora, según la propia Alina, ya no se molestan demasiado en buscarla. El proceso sigue pendiente y la medida de reclusión domiciliaria continúa funcionando como una especie de cárcel sin barrotes. En tanto, cada día 18, vuelve el mismo juego: ella sale, el aparato policial la espera y el Estado termina llevándosela.

Alina regresó finalmente a su casa y encontró otra noticia: el Sistema Electroenergético Nacional había vuelto a colapsar. Una imagen perfecta de la Cuba de estos días. Una mujer detenida por intentar reclamar derechos ciudadanos mientras el país se queda nuevamente a oscuras.

Frente a eso queda una pregunta que no necesita demasiadas vueltas: ¿qué ocurre cuando un gobierno deja incluso de fingir que sus propias reglas importan? Alina cree que es una señal de agotamiento del sistema. Otros podrán discutir esa interpretación, pero hay algo que ya resulta difícil esconder: el 18 vuelve cada mes, la protesta vuelve cada mes y la detención también.

Por eso, cuando una idea necesita ser encerrada durante cinco horas para impedir que llegue a un parque, quizás el problema no esté en quien lleva el cartel, sino en el poder que le tiene miedo.

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