
Mi preocupación es por los presos políticos
Por Oscar Durán
La Habana.- Dicen que Cinthia Mederos, La Cintumbare, está desaparecida y ya hay unas cuantas personas preocupadas por saber dónde está. Ojalá aparezca sana y salva, porque la desaparición de cualquier ser humano es un asunto serio.
Pero hay algo que no deja de resultar curioso: en un país donde existen presos por motivos políticos, familias destrozadas y personas pagando años de cárcel por pensar diferente, de repente encontramos tiempo, preocupación y solidaridad para saber qué pasó con una mujer que públicamente declaró su amor por Díaz-Canel y que, en más de una ocasión, se burló o faltó el respeto a quienes enfrentan al régimen.
Ese contraste debería hacernos pensar. No porque alguien simpatice con el régimen cubano deja de ser persona ni merece que le ocurra algo malo. Todo lo contrario. Precisamente por eso debemos preocuparnos si realmente está desaparecida. Una cosa es preocuparse por la integridad de una persona y otra muy distinta es convertirla en el centro de nuestras preocupaciones mientras olvidamos a quienes llevan años encerrados por razones políticas. Ahí está el verdadero problema: tenemos una memoria selectiva que se activa dependiendo de quién sea la víctima.
Hay madres que llevan años esperando que sus hijos regresen a casa. Marta Perdomo es un botón de muestra. Hay presos que apenas aparecen en las noticias, como Walnier Aguilar. Hay familias que viven pendientes de una llamada, de una visita, de una decisión judicial o de una eventual excarcelación. Muchos de ellos no tienen miles de personas preguntando por su paradero ni convirtiendo su situación en tendencia. Algunos fueron condenados simplemente por protestar, denunciar o expresar públicamente su desacuerdo con el poder. Y mientras tanto, nosotros podemos pasarnos horas discutiendo sobre una influencer que hizo del enfrentamiento con el exilio y con la oposición una parte de su personaje.
Ese es, quizás, uno de los grandes problemas del cubano: nos acostumbramos tanto al absurdo que terminamos confundiendo las prioridades. Puedes preocuparte por Cintumbare, tú maletín, pero ojalá y tengas coherencia como ser humano para exigir libertad para los presos políticos. Podemos desear que aparezca y que esté bien, sin olvidar a quienes siguen encerrados.
Una preocupación no debería cancelar la otra. Pero si vamos a hablar de indignación, solidaridad y derechos humanos, entonces hablemos y no nos olvidemos de esos inocentes que están presos. Si nuestra sensibilidad solamente aparece por una mujer que alabó a Díaz-Canel en el corazón del exilio, entonces no estamos defendiendo principios: estamos rozando la estupidez humana.



















