
El precio de las medallas: deporte y miseria en Cuba
Por Mkc Cerralvo ()
Santa Clara.- Hay quienes se vanaglorian e incluso alardean del resultado de los deportistas cubanos en los Centroamericanos. Otros dicen que en épocas anteriores Cuba paseaba el medallero, y que llegó a ser quinto lugar en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992.
En mi opinión, el deporte es un lujo que pueden permitirse algunos países, los desarrollados de primer mundo, porque el deporte es costoso, y si no se ve como negocio que dé resultado, es un gran gasto para la economía de cualquiera. No por gusto los líderes en deporte coinciden con los líderes económicos.

Pero aquí siempre hemos querido ostentar como si fuéramos del primer mundo, como si la «Revolución» nos hubiera convertido en uno de los principales países —cosa que ni de cerca lo fue— y se gastó lo que había, incluso lo que no había, en el deporte. El resultado fue ese: estar entre los primeros del mundo, y, por supuesto, la especialidad de la casa: alardear de eso.
Quizás ahí se fue el dinero que debió utilizar el país en su propia economía, en su desarrollo. Quizás las medallas de oro de Barcelona y otros eventos equivalían a unas termoeléctricas, a una inversión en las calles y carreteras, en los ferrocarriles, en los acueductos, en la agricultura, en los centrales, la industria y en tantas cosas que hoy están totalmente destruidas.
Quizás hoy tengamos que comernos los logros y las medallas, si es que queda alguna, y conformarnos con ir poco a poco llegando al verdadero lugar que nos toca en el deporte, como país del tercer, cuarto o quinto mundo.

Hoy se habla de la actuación de los deportistas en los Centroamericanos, y del medallero, pero habría que preguntarles a muchos cubanos qué prefieren: si esos resultados, o tener más horas de corriente y que el agua falte menos. Quizás en un futuro, cuando superemos todos los desastres que vivimos hoy, si alguna vez podemos ser un país económicamente fuerte, si alguna vez los cubanos podremos vivir con comodidad, dignidad y prosperidad, entonces valdría la pena tratar también de ser una potencia en el deporte. Antes no lo creo, al menos a mí no me interesa.






