Presos de Guanajay llevan casi una semana sin comunicarse por teléfono

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Por Jorge Sotero

Guanajay, Artemisa.- Los reclusos de la prisión de Guanajay llevan casi una semana sin poder comunicarse por teléfono con sus familiares, una situación que habría comenzado a extenderse por las distintas áreas del penal.

La denuncia fue conocida durante las visitas realizadas el sábado a varios presos, entre ellos el artista y preso político Maykel Osorbo. Los teléfonos tienen tono, según la información recibida, aunque las llamadas no pueden completarse, dejando a los internos sin uno de los pocos mecanismos disponibles para mantener contacto con sus seres queridos.

La interrupción afecta especialmente a los presos condenados a cadena perpetua, para quienes una llamada telefónica representa uno de los escasos vínculos periódicos con familiares y amigos.

La falta de comunicación prolonga el aislamiento de estas personas y deja a sus allegados sin posibilidad de conocer directamente su estado. En una prisión controlada por el régimen cubano, cualquier restricción adicional sobre las comunicaciones adquiere una dimensión especialmente preocupante ante la ausencia de transparencia y de información independiente sobre las condiciones de los reclusos.

El problema tampoco estaría limitado a Guanajay. También se han recibido reportes sobre interrupciones telefónicas en otras cárceles cubanas, una situación que, de confirmarse, apuntaría a una afectación más amplia dentro del sistema penitenciario.

Cubalex publicó información sobre estos cortes y sus posibles consecuencias para los presos y sus familias. La dictadura cubana tiene la obligación de explicar qué sucede con las comunicaciones penitenciarias y garantizar que los internos puedan mantener contacto con sus familiares dentro de las normas establecidas.

Mantener incomunicados a los presos durante días no puede tratarse con indiferencia. Las autoridades penitenciarias deben explicar las causas de la interrupción, precisar cuándo será restablecido el servicio y asumir las responsabilidades correspondientes si existieron decisiones deliberadas o negligencias.

Para las familias, cada día sin una llamada aumenta la angustia y la incertidumbre. Para quienes cumplen largas condenas, el teléfono puede ser uno de los últimos puentes con el mundo exterior, y cortar ese puente supone añadir más aislamiento a un sistema penitenciario ya marcado por numerosas denuncias sobre las condiciones en que permanecen los presos.

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