El cuadro perdido que vivía con Stuart Little

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Por Rafa Junco ()

Madrid.- Durante años, millones de espectadores contemplaron una obra desaparecida sin saberlo. Estaba colgada en la casa de una familia cinematográfica, detrás de un ratón vestido con traje. En la Navidad de 2008, el historiador del arte húngaro Gergely Barki veía Stuart Little con su hija. En una de las escenas, su atención se apartó de los actores y quedó fija en un cuadro sobre la pared.

Representaba a una mujer dormida junto a un jarrón negro. Barki sintió que ya conocía aquella composición, aunque nunca había visto el original. La recordaba por una fotografía en blanco y negro de una exposición en Budapest, en 1928. Era Alvó nő fekete vázával (Mujer dormida con jarrón negro), pintada hacia 1927 por Róbert Berény, una figura clave de la vanguardia húngara. Desde aquella exposición, nadie sabía dónde estaba.

El historiador escribió a Sony Pictures y a otras compañías. Los estudios recordaban el objeto utilizado en el decorado, pero ya no sabían dónde se encontraba. Barki comenzó a localizar a directores, camarógrafos, encargados de utilería y miembros del equipo artístico. Finalmente recibió un mensaje de Lisa Sessions, antigua asistente del departamento de decoración. La mujer le informó que el cuadro no era una copia y que estaba colgado en la pared de su dormitorio. Sessions lo había encontrado años antes en una tienda de antigüedades de Pasadena, California. La firma era difícil de leer, pero la fuerza de la composición la convenció de adquirirlo por unos 500 dólares para Sony Pictures. Nadie sabía que era una obra perdida.

Vueltas y más vueltas

El cuadro fue colocado en la casa de los Little durante la filmación de 1999. Más tarde apareció en otras producciones televisivas, como Family Law. Sessions se encariñó con él e intentó comprarlo después del rodaje, pero el estudio lo conservó por si necesitaba volver a utilizarlo. Años más tarde, logró localizarlo en otro almacén y finalmente se lo compró a la compañía. En abril de 2009, Barki viajó a Estados Unidos y se reunió con ella en Washington. Necesitaban retirar la protección trasera del cuadro, pero no llevaban herramientas. Terminaron consiguiendo un destornillador prestado por un vendedor de perros calientes.

Al retirar la cubierta, aparecieron dos sellos de exposiciones realizadas en 1928. Ya no quedaban dudas. La pintura había recorrido un camino aún más improbable: antes de llegar a Pasadena, un coleccionista llamado Michael Hempstead la había comprado por unos 40 dólares en una subasta benéfica en San Diego. Conocía el nombre de Berény, pero ignoraba que la obra estuviera desaparecida. Después la vendió por varios cientos de dólares a la tienda donde Sessions la encontró. Nada permite reconstruir su recorrido anterior desde Hungría hasta California.

Tras ser identificada, la propietaria vendió la obra a un coleccionista. El cuadro regresó a Hungría y, en diciembre de 2014, fue subastado en Budapest por 70 millones de florines, unos 229.500 euros. La obra que había costado unos cientos de dólares terminó vendiéndose por una pequeña fortuna. Durante más de una década, Mujer dormida con jarrón negro permaneció expuesta ante millones de personas. Actores, técnicos y espectadores la observaron sin conocer su historia. Solo hizo falta que un historiador dejara de mirar al ratón protagonista y prestara atención a lo que ocurría detrás de él.

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