
Elizabeth Taylor no fue al funeral de Richard Burton, pero…
Por Rafa Junco ()
Madrid.- Cuando Richard Burton murió en agosto de 1984, Elizabeth Taylor no fue a su funeral. No fue porque le hubiera dejado de importar. Fue porque sabía lo que ocurriría si aparecía. Su presencia habría eclipsado al muerto, y Burton, después de una vida entera compartiendo portadas con ella, merecía al menos un entierro en paz.
El funeral fue deliberadamente íntimo. Asistieron familiares y amigos cercanos. Su viuda, Sally Hay, colocó sobre el ataúd una flor, una carta y un libro de Dylan Thomas. Tres de los hermanos de Burton cantaron suavemente en galés junto a la tumba. Taylor no estaba. Su ausencia había sido acordada con la familia. Todos sabían que si ella aparecía, el funeral de Burton dejaría de ser el funeral de Burton.
Se conocieron en el rodaje de Cleopatra. Se casaron en 1964, se divorciaron diez años después, volvieron a casarse en 1975 y volvieron a separarse menos de un año después. Una relación de portadas, de escándalos, de amor y de odio. Ocho años habían pasado desde su segundo divorcio. Pero eso no significaba que se hubieran borrado mutuamente. En 1983, incluso volvieron a compartir escenario en Broadway con Private Lives.

La tumba y las cámaras
Tres días después del funeral, Taylor voló a Suiza. Quería visitar la tumba en el pequeño cementerio de Céligny. Pero los fotógrafos ya la esperaban. Sus asistentes pidieron cinco minutos de privacidad. A cambio, ella posaría después. Los fotógrafos se negaron. Ella se marchó sin acercarse al sepulcro.
A la mañana siguiente regresó. Eran las seis, aún no había amanecido. Algunos fotógrafos habían pasado la noche en el cementerio. Cuatro asistentes levantaron paraguas alrededor de Taylor. Durante quince minutos, ella permaneció junto a la tumba, invisible para las cámaras. Los periodistas que estaban cerca dijeron que podían escucharla llorar. Ni siquiera la muerte consiguió darles privacidad. Taylor había evitado el funeral para que Burton pudiera ser enterrado sin su sombra. Pero cuando intentó despedirse en silencio, antes del amanecer, las cámaras ya estaban allí.



















