
La revolución ahora defiende transformadores
Por Anette Espinosa
Las Tunas.- Cuba llegó oficialmente al nivel donde ya no se roban solo pollos, cables o tapas de alcantarilla. Ahora también desaparece el aceite de los transformadores y dejan pueblos enteros apagados. En Yariguá, Las Tunas, llevan cuatro días sin corriente porque a alguien se le ocurrió ordeñar un transformador como si fuera una vaca eléctrica. Y lo más triste es que ya nadie se sorprende. En este país el delito dejó de ser noticia y pasó a formar parte del paisaje nacional.
Lo más gracioso del asunto es escuchar a los dirigentes eléctricos hablando con una seriedad científica que parece que están defendiendo una tesis en la NASA. “Trampas químicas”, “estrategias de protección colectiva”, “lámparas solares”, “cercas perimetrales”… Compadre, lo único que falta es poner cocodrilos alrededor de las subestaciones y francotiradores arriba de las palmas. El sistema electroenergético cubano parece menos una infraestructura nacional y más un banco mexicano en una película de narcos.
Ahora resulta que el pueblo tiene que cuidar los transformadores como si fueran patrimonio familiar. O sea, bastante tiene la gente con inventar comida, cargar agua, espantar mosquitos y sobrevivir a los apagones, para además convertirse en custodios nocturnos de la Empresa Eléctrica.
En cualquier momento anuncian los Comités de Defensa del Transformador y ponen guardias cederistas con un palo y un silbato vigilando el aceite dieléctrico. El socialismo tropical siempre encuentra nuevas maneras de convertir la miseria en épica revolucionaria.
Y cuidado con tocar un cable, porque ya el Tribunal Supremo dice que robar infraestructura eléctrica es sabotaje. Imagínate eso: un tipo que probablemente lleva tres días sin comer termina acusado casi de terrorismo por robar aceite para venderlo y sobrevivir. Claro, al cubano de abajo le cae todo el peso de la ley, mientras los verdaderos saboteadores del país siguen en el Palacio de la Revolución dando discursos sobre resistencia creativa y soberanía energética.
La realidad es que Cuba se está cayendo a pedazos por todos lados. Ya no hay manera de sostener ni la corriente eléctrica, ni el transporte, ni los hospitales, ni la dignidad. Y mientras Yariguá permanece a oscuras, algún dirigente debe estar ahora mismo en una oficina climatizada diciendo que “la situación está bajo control”. Sí, bajo control… igualito que los once transformadores desvalijados. Aquí el único sistema que funciona perfectamente es el de fabricar excusas.






