
El cerco se estrecha: el régimen cubano se siente acorralado
Por Jorge Menéndez ()
Cabrils.- El régimen cubano atraviesa sus horas más tensas en décadas. En menos de una semana, la isla perdió a su principal socio minero, la empresa Sherritt, responsable de la extracción de níquel y cobalto en Cuba.
A esa fuga se suman la decisión de dos de las principales navieras del mundo de suspender sus cargas hacia puertos cubanos, y la cancelación de los vuelos de la aerolínea española World2fly —representada en la isla por el hijo de Eusebio Leal y su empresa turística Online Tour—, así como los vuelos a Madrid de Cubana de Aviación, operados por otra compañía española vinculada al entorno de Nicolás Maduro.
Este lunes, la administración de Donald Trump dio una vuelta de tuerca más: sancionó a los generales responsables de los tres ejércitos cubanos y al presidente del parlamento, Esteban Lazo. La presión estadounidense busca asfixiar económicamente al régimen, que ya no sabe por dónde recibirá el siguiente golpe. Mientras tanto, la población cubana protesta en las calles, protagoniza cacerolazos y quema los basureros a cielo abierto que se acumulan por doquier, evidencia de un colapso que el gobierno ya no puede ocultar.
Mientras… planes de represión
Acorralado, el gobierno de Miguel Díaz-Canel no sabe si el desenlace llegará por una sublevación popular o por una intervención militar estadounidense. Como es costumbre, ante el miedo a las protestas, el régimen ha recurrido a la propaganda: los medios oficiales ya promocionan los ejercicios Meteoro contra «indisciplinas y desórdenes». No se trata de defensa civil, como intentan hacer creer, sino de una clara advertencia represiva.
El Ejercicio Meteoro es la antesala de la represión: amenazas de cárcel, juicios sumarísimos y prisiones domiciliarias. Esos son los métodos de un gobierno que en el pasado presentó una «sociedad socialista» y hoy se ha convertido en una mafia que se cree dueña del país. La respuesta al miedo ciudadano no es diálogo, sino más control, más silencio forzado y más castigo.
Trump avanza paso a paso, pero avanza. Su estrategia parece clara: que el gobierno caiga por su propio peso, sin intervención militar. Sin embargo, la historia demuestra que ninguna dictadura ha abandonado el poder sin derramamiento de sangre, y menos aún una que se siente propietaria legítima del país. Lo que sí es seguro, afirman analistas y voces en el exilio, es que el pueblo cubano nunca antes ha estado tan cerca de recuperar la libertad. Sea cual sea el escenario final, peor que la situación actual ya no puede ser.






