
Díaz-Canel asegura que dirigentes cubanos no poseen activos bajo jurisdicción de EE.UU
Por Marcos Tallapiedra
La Habana.- Miguel Díaz-Canel aseguró en redes sociales que ningún dirigente del Partido, del Estado, del Gobierno ni de las instituciones militares posee activos o propiedades bajo jurisdicción estadounidense. Traducido al cubano de a pie: “no tenemos nada allá, así que tranquilos”. Una declaración que pretende sonar a pureza revolucionaria, aunque a estas alturas ya provoca más bostezo que indignación.
Según Díaz-Canel, Washington conoce perfectamente esa realidad y, aun así, insiste en sostener una narrativa para justificar la llamada “guerra económica total” contra Cuba. El problema es que el cubano promedio, mientras lee semejante descarga ideológica, probablemente está más concentrado en otra guerra bastante más urgente: la de encontrar pollo, corriente eléctrica o una farmacia donde todavía quede una aspirina y no solo el recuerdo de uno.
Limonardo también calificó como inmoral, ilegal y criminal cualquier medida que limite el acceso de Cuba al combustible o penalice a empresas interesadas en comerciar con la isla. Y aquí aparece el clásico recurso de la victimización diplomática, ese género literario en el que La Habana lleva décadas perfeccionándose. Todo mal viene de afuera; adentro, según esa narrativa, solo hay buenas intenciones, sacrificio y un talento admirable para no asumir responsabilidades.
La tesis del “cerco genocida” volvió a ser el plato fuerte del mensaje. No importa si la infraestructura energética se cae a pedazos, si los hospitales agonizan o si la inflación convirtió al salario en una cifra decorativa. La culpa, una vez más, viaja cómodamente en primera clase hacia Washington. Debe ser maravilloso gobernar así: cualquier desastre interno encuentra automáticamente un culpable externo, como por arte de magia ideológica.
Mientras tanto, el cubano sigue atrapado entre discursos grandilocuentes y una cotidianidad mucho menos épica. Díaz-Canel denuncia al mundo con tono solemne, pero la cola del pan sigue ahí, el apagón no pide permiso y el dólar continúa haciendo cardio hacia arriba.
Esta perreta del Puesto a Dedo está cargada de retórica combativa, mucha indignación oficial y cero novedades para una población que hace rato dejó de vivir pendiente del imperialismo y empezó a preocuparse, más modestamente, por llegar vivo al fin de mes.






