Fernando González propone usar humor político para “combatir clichés”

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Por Yeison Derulo

La Habana.- El espía Fernando González salió a hablar de humor político y, como era de esperar, terminó haciendo lo que mejor sabe hacer el aparato ideológico cubano: vender humo con sonrisa incluida.

El presidente del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, en diálogo con Prensa Latina durante el V Coloquio Internacional Patria, pidió “deconstruir clichés y noticias falsas” a través de mensajes breves y atractivos. La jugada es vieja: disfrazar la propaganda de ingenio, como si un chiste pudiera tapar décadas de represión, miseria y censura.

Según González, el humor sería una herramienta para explicar temas “dolorosos” como el bloqueo, pero hay que tener la cara bien dura para hablar de sarcasmo cuando el cubano de a pie no tiene ni para reírse.

El problema no es que falte creatividad, es que sobra descaro. Pretenden convertir la tragedia nacional en meme, como si el hambre, los apagones y la falta de libertades fueran parte de un guion humorístico y no el resultado directo de un sistema fallido que se niega a asumir responsabilidades.

El funcionario también elogió los libros de Ocean Sur y su supuesta capacidad de llevar el “pensamiento de la revolución” al mundo. Aquí el asunto se pone interesante: reconocen, sin querer, que las editoriales cubanas no tienen cabida en mercados internacionales. ¿Por qué será? ¿Por la calidad o por el contenido? Cuando lo que vendes es propaganda reciclada, ni la mejor impresión del mundo logra esconder el tufillo a panfleto.

Más llamativo aún es que González hable de esos libros como “refugio” durante su tiempo en prisión. El relato suena épico hasta que uno recuerda que muchos cubanos hoy también necesitan refugio, pero del propio sistema que él defiende. Mientras unos leen discursos en papel fino, otros sobreviven entre colas interminables, vigilancia constante y miedo a decir lo que piensan. Esa es la Cuba real, la que no sale en los libros ni en los coloquios.

Al final, todo se resume en lo mismo: persistir, avanzar, abrir caminos… frases vacías que se repiten como un disco rayado mientras el país se hunde. La dictadura insiste en reinventarse con humor, libros o eventos internacionales, pero la realidad siempre termina pasándole por arriba.

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