
Ocho horas detenida, una mentira repetida y el mismo circo de siempre en Cuba
Por Alina Bárbara López Hernández
Matanzas.- Lo peor del día de hoy no fue estar detenida desde las 8 de la mañana hasta las 5 y 30 de la tarde. Lo más desagradable fue que el salón de reuniones de la PNR de la Playa, donde casi siempre me toca esperar ese largo tiempo, está lleno de fotos de Díaz-Canel, el mismo que mintió desfachatadamente en reciente entrevista a una periodista norteamericana al decir que en Cuba nadie es detenido por hacer críticas al gobierno o no ser favorable a este.
Una de las oficiales que me custodió, (que por cierto, ambas me besaron al llegar, cosa que me pareció rarísima y nunca antes había ocurrido) estaba con su niña de diez años pues al parecer no tenía quién la cuidara.
En atención a la presencia de la niña, no hice la protesta a viva voz como las veces anteriores, pues no quería asustarla. Me pasé las primeras siete horas leyendo de una sentada la excelente novela de mi querido amigo y coterráneo Carlos Zamora Rodríguez que, por cierto, tiene mucho que ver con el ambiente opresivo en que vivimos.
Había llevado la novela, agua y un paquete de galletas porque estaba casi segura de que sería detenida, ya que, mientras más «conversadores» están con los Estados Unidos, más necesario se les hace demostrar que tienen el control de la situación; sin embargo, lejos de ello, cada vez evidencian más desgaste.
Hubo mucha preocupación y preguntas por mi salud. No sé si es que tienen la esperanza de que se recienta por los atropellos. Si es así les tengo malas noticias. Estoy muy bien. Y optimista siempre.
Cuando concluí la novela le comuniqué a la oficial que si alguien no venía a hacer la habitual puesta en escena, me daría mucha pena con su niña pero mis gritos se iban a escuchar en la terminal de ómnibus.
Entonces me llevaron a la oficina donde una instructora del Minint esperaba. No es la primera vez que intercambio con ella, joven, bonita pero grosera y prepotente por demás. La conversación fue tensa.
La referida oficial se atrevió a decirme que en Cuba no hay un solo preso político, que todos los condenados por los hechos del 11j habían cometido delitos comunes. Le dije que era una mentirosa y se molestó. Entonces sí le grité varias veces ¡Libertad para los presos políticos!
En esencia, según ella, me detienen porque yo violo la medida cautelar de reclusión domiciliaria, y me amenazó con que pueden «reajustar» esa medida. Le recordé que no tienen que reajustar nada, solo celebrar el juicio que tienen engavetado, violando el debido proceso, desde hace casi un año en el tribunal municipal de Matanzas y complacer a la fiscal que pide cuatro años de prisión. Está más que clara su estrategia: mantener el juicio en un limbo para eternizar la condición de reclusión domiciliaria y mantenernos sojuzgadas a mí y a Jenny Pantoja Torres. Pero se equivocan.
A ella y a todos los oficiales que han interactuado conmigo: sé que estoy violando la medida de reclusión domiciliaria, lo seguiré haciendo porque es ilegítima, es parte de una farsa judicial y viola mis derechos civiles. No firmé, jamás lo hago, el acta de advertencia. Nos veremos el próximo 18.
Precisamente un día como hoy, 18 de abril pero del 2024, sin que yo tuviera ninguna medida de reclusión, fui detenida, golpeada y torturada dentro de una patrulla policial en el punto de control de Bacunayagua. Denuncié a las agresoras ante la Fiscalía Militar de la región Matanzas y por supuesto que no pasó nada.
En la misma puerta de la estación le volví a gritar lo que no quieren escuchar, lo que pretenden negar pero no lo consiguen.
Libertad para los presos políticos.
Abajo la dictadura.
Amnistía ya.






