
Las Tunas hace un «chequeo habitual» de sus carencias
Por Anette Espinosa
Las Tunas.- Aquí falta de todo. Eso no es noticia; eso es paisaje. Lo sabe el niño que hace la cola del pan, la señora que lleva tres días esperando el agua y hasta el Bobo de la Yuca, que sin estudiar economía entiende mejor el desastre que cualquier cuadro del Partido.
Sin embargo, en Las Tunas decidieron hacer lo más revolucionario posible ante el colapso general: un «chequeo habitual», porque cuando el barco hace agua por todos lados, nada inspira más confianza que una reunión para confirmar que, efectivamente, se está hundiendo.
El parte oficial parece escrito por alguien con un talento especial para narrar calamidades como si fueran avances. Hay 110 interrupciones eléctricas, pero tranquilos, existen tres carros de guardia dando vueltas al estilo los Avengers del apagón. Dos arreglan averías y uno cambia transformadores dañados. Con ese despliegue bélico, cualquier ingenuo pensaría que la provincia está a punto de convertirse en Dubái, solo que primero hay que resolver el pequeño detalle de que no hay corriente.
El agua tampoco quiso quedarse fuera del festival del absurdo. Bombas rotas, estaciones con fallas internas “difíciles de localizar” y salideros que serán atendidos cuando los astros se alineen y aparezca combustible.
Es fascinante cómo en Cuba una tubería rota adquiere categoría de expediente científico. Uno imagina a veinte ingenieros alrededor de una llave cerrada, mirando serio el panorama, como si estuvieran descifrando los secretos de la física cuántica.
En materia de alimentación, el reporte casi conmueve. Cinco libras de arroz por consumidor y leche en polvo para niños de cero a seis meses. Una épica logística digna de documental. Y mientras tanto, el transporte celebra la llegada de tres carros eléctricos, porque nada simboliza mejor el progreso que vehículos nuevos en una provincia donde falta hasta la electricidad para mirarlos con ilusión.
Lo mejor siempre viene al final. Salud “asegurada”, once ambulancias para ocho municipios y servicios comunales garantizando carros fúnebres y sarcófagos. Es decir, puede que no haya comida, agua ni luz, pero morir con organización institucional sí está cubierto.
En resumen, Las Tunas no resolvió ningún problema, pero al menos confirmó oficialmente que los tiene todos. Un chequeo necesario, sin dudas: no vaya a ser que al pueblo se le ocurra pensar que vive mal por exageración.






