
La frase que pocos escucharon
Por Luis Alberto Ramírez ()
Miami.- En la última entrevista concedida por Miguel Díaz-Canel hubo una frase que pasó casi inadvertida, aunque, a mi juicio, merece ser analizada.
El periodista que realizó la entrevista trabaja para RT, un medio de comunicación internacional del gobierno ruso. Se trata de un cubano que, además de declararse comunista, se ha caracterizado por defender abiertamente al régimen castrista. Durante toda la conversación condujo las preguntas de la manera más cómoda posible para que el dictador no tuviera dificultades y pudiera desenvolverse sin sobresaltos.
Sin embargo, el momento más llamativo llegó cuando el entrevistador afirmó: «Mi madre se pudo poner zapatos después del triunfo de la Revolución.»
Esa frase solo admite dos posibilidades: o su madre nació después de 1959, o el periodista faltó deliberadamente a la verdad para halagar al gobernante.
Los cubanos que vivían en la isla antes del triunfo de la Revolución no eran aborígenes ni andaban descalzos. Cuba era un país donde la forma de vestir era motivo de orgullo. La mayoría de los hombres usaban traje con frecuencia y las mujeres destacaban por su elegancia y buen gusto. Basta observar las fotografías de la época para comprobarlo.
Con tal de congraciarse con el poder, el entrevistador terminó pronunciando una afirmación que contradice una realidad ampliamente documentada, como si quienes veían la entrevista no conocieran la historia de su propio país.
Lo cierto es que, después del triunfo de la Revolución, los cubanos fueron perdiendo el acceso a muchos bienes básicos. La escasez alcanzó la ropa, el calzado y los alimentos. No hace falta remontarse a complejos estudios históricos para demostrarlo: durante décadas existieron la libreta de racionamiento para los alimentos y las restricciones para adquirir ropa y calzado.
Por eso, cuando el periodista asegura que su madre solo pudo ponerse zapatos después del triunfo de la Revolución, no puedo evitar pensar que, tal vez, se refería a aquellos Kicos plásticos, un calzado que para muchos cubanos se convirtió en el símbolo de la escasez, la baja calidad y las privaciones de una época que difícilmente podrá olvidarse.
Si los que leen este escrito no tienen referencias de aquel calzado que, fue el único que se exhibió en tiendas y vitrinas de todo el país, que le pregunten a sus padres.






