
El tiburón de Bejucal se moja, pero (no) salpica
Por Jairo Quiroga ()
Bejucal.- El agua en Bejucal es un negocio. No un derecho, no un servicio, no una necesidad cubierta por el Estado revolucionario que tanto presume de su «humanismo». Es un negocio. Y el dueño del negocio tiene nombre y apellido, aunque todos le llaman por este último: Mauri, con i latina, el director de Acueducto, el hombre que ha convertido la sed del pueblo en su particular mina de oro mientras las autoridades miran hacia otro lado, o peor, participan del festín.
Mauri tiene seis negocios, y cada uno de ellos es una estafa disfrazada de gestión pública. El primero: cobra comisión a los técnicos que conectan casas a la tubería, según la página en Facebook Pasión Bejucal, que desmenuza cada una de las fechorías del director de acueducto del municipio.

Sin su autorización, no hay conexión, y sin su mordida, no hay autorización. El segundo: vende el cloro que debería tratar el agua, y el pueblo bebe lo que sobra, un líquido turbio que apenas merece ese nombre. El tercero: cada pipa que sale del pozo paga 5.000 pesos para el bolsillo de Mauri, y si se venden 20 pipas diarias, el director de Acueducto embolsa 100.000 pesos al día a costa de la sed de los demás.
Luego,cuarto: cobra 15.000 pesos mensuales a las mipymes y cafeterías del pueblo por abrirles las llaves, un impuesto revolucionario a la desesperación. El quinto: cierra las llaves principales para que el agua no fluya hacia los barrios pobres y se concentre en las zonas que pagan. El sexto: las piscinas pagan 10.000 pesos por llenarse, mientras el resto del pueblo se lava con un balde.
Las autoridades lo saben, pero…
Y todo esto ocurre en plena luz del día, ante la policía, el DTI, la fiscalía, el gobierno municipal, la asamblea, el partido, el intendente, la primera secretaria y los delegados. Todos lo saben. Todos ven cómo Mauri convierte el agua en mercancía y la necesidad en moneda de cambio. Pero nadie hace nada, porque el negocio no es solo de Mauri: Mauri reparte. Dinero en efectivo, pipas de agua gratis para los dirigentes y delegados que se arrodillan a cambio de un favor. «Tiburón se moja pero salpica» a los jefes, no al pueblo, dicen en en la calle, en las redes, en cada corrillo. Y los que se llevan la salpicadura son los mismos que deberían detenerlo.
Pero no nos engañemos: Mauri no es el problema, es el síntoma. El problema es un sistema que ha convertido la escasez en instrumento de control, que premia la corrupción y castiga la dignidad. Mientras el pueblo se deshidrata, los dirigentes se llenan los bolsillos y las pipas de agua viajan gratis a las casas de los cómplices. Mientras los niños beben agua sucia, los funcionarios se bañan en piscinas llenas gracias al permiso de Mauri. El sistema comunista imperante, ese que habla de solidaridad y justicia social, es el que permite que un hombre decida quién bebe y quién muere de sed.

Los comentarios de los seguidores de la página Pasión Bejucal no se equivocan cuando señalan que el problema no es solo Mauri. Es el Partido, es la Revolución, es una estructura que depende de la complicidad para sobrevivir. Porque si un director de Acueducto puede amasar una fortuna con el agua de todos sin que nadie lo detenga, no es porque Mauri sea más listo, sino porque el sistema está diseñado para que los listos triunfen y los honestos se mueran de hambre.
Y mientras tanto, el pueblo sigue sin agua. Las tuberías están secas, los pozos vacíos, las promesas podridas. Pero Mauri sigue ganando, sigue cobrando, sigue salpicando a sus cómplices. Bejucal se muere de sed, pero el negocio del agua florece. Porque en Cuba, hasta la necesidad es un mercado, y el castrismo, como siempre, ha encontrado la manera de convertir hasta la miseria en un negocio.






