He estado pensando en… la identidad de nuestro grito

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Por Padre Alberto Reyes (Especial para El Vigía de Cuba)

Esmeralda, Camagüey.- Batista llegó al poder mediante un golpe de Estado en 1952, y su gobierno fue haciéndose cada vez más impopular. Poco a poco, el pueblo empezó a poner voz a su descontento, y comenzó a manifestarse públicamente, pidiendo un cambio.

He preguntado a la Inteligencia Artificial los motivos del descontento de los cubanos ante el gobierno de Batista, y la Inteligencia Artificial ha confirmado que fue una época de mucho rechazo del pueblo a ese mandato.

Entre las razones que da, plantea las limitaciones a la libertad y el ataque frontal a la oposición política, dificultando la organización de partidos o movimientos contrarios al gobierno.

Explica que Batista atacó la libertad de expresión a través de la censura, la restricción de la libertad de prensa, el control sobre los medios de comunicación social y las sanciones contra periodistas y activistas políticos.

Crimenes, corrupción…

Reprimió a la disidencia con detenciones arbitrarias, vigilancia y el establecimiento de procesos judiciales contra los opositores.

Fue una época de gran corrupción gubernamental, que se extendió a la administración pública y a las fuerzas de seguridad.

Centralizó el poder político, concentrando en el gobierno la toma de decisiones y excluyendo de ellas a la población civil.

Se multiplicaron las dificultades económicas para una parte importante de la población y se produjo, en consecuencia, una emigración significativa.

Hasta aquí lo que dice la Inteligencia Artificial.

De una dictadura a otra

Esto explica por qué este pueblo apoyó la Revolución, una Revolución que le prometió un país diferente, un país sin miedos, sin represiones, sin censuras absurdas, un país de libertad y prosperidad, donde la emigración fuera una elección más y no una necesidad imperiosa.

Es triste constatar que, en realidad, sólo pasamos de una dictadura a otra, que no sólo copió los mismos errores de la anterior, sino que, además, sumergió al país en la miseria y la destrucción, convirtiéndonos en un pueblo de mendigos sobrevivientes.

Por eso ahora, cuando protestamos por las escaseces y la precariedad de la vida, puede parecer que nuestro grito es asistencial, y que sólo salimos a las calles para pedir electricidad, agua o comida.

Pero que las urgencias y las necesidades no nos engañen, y no engañen a los que nos ven desde fuera de nuestras costas, porque entre los gritos que piden lo básico, este pueblo grita “¡Patria y vida!”, grita “¡Cambio de sistema!”, grita “¡Libertad!”, grita “¡Basta ya!”.

Que quede muy claro, nuestro grito no es asistencial, es de cambio radical, es de fin de las cadenas, es de vida en libertad.

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