Críticas a Byron Donalds como candidato a gobernador de Florida es hipocresía política

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Por Carlos Carballido ()

Dallas.- En los últimos días he visto ataques y descalificaciones al candidato conservador a gobernador de Florida, Byron Donalds. Lo peor no es eso, sino que vienen del mismo sector conservador.

He hurgado en la historia personal y política de #ByronDonals y, en realidad, sus descalificaciones se basan en dos cosas: una puritana, como la de su pasado “criminal”, y la otra, porque es el favorito del presidente Trump.

Ninguna de las dos se sostiene en lo racional. Todas han obviado su postura frontal contra el wokismo, el aumento de los impuestos y las excesivas regulaciones del gobierno sobre el sector empresarial, que es, al final, quien mueve la economía estadounidense.

Como político en la legislatura estatal de Florida y luego en el Congreso, su récord de votación es casi perfecto (próximo al 100 %) a favor del conservadurismo, según la American Conservative Union, Heritage Action y el Club for Growth.

Eso es lo que debería importar, porque sus contrincantes Jay Collins y Paul Renner ni siquiera se le acercan en porcentaje.

En el caso de James Fishback, no cuenta: viene del sector privado y su lenguaje con tinte racial hacia Byron es realmente lamentable.

Los ataques sobre su récord policial relativizan una realidad que, si bien no debe pasarse por alto, no difiere de la de grandes personajes de la política estadounidense que llegaron incluso a la presidencia.

Byron no fue a la cárcel. Sufrió arrestos por posesión de marihuana y por haber participado en un esquema de fraude financiero durante su adolescencia y primera juventud. No lo ha ocultado y se enorgullece de que, gracias al cristianismo, encontró su mejor camino.

Si juzgamos puritanamente a Byron, habría que hacerlo también contra renombrados políticos:

• Expresidente George W. Bush: arrestado por DUI, disturbios universitarios y por haber robado una corona de Navidad en un hotel.

• Dick Cheney, vicepresidente: arrestado varias veces por DUI.

• Greg Gianforte (gobernador actual de Montana y excongresista republicano): en mayo de 2017, cuando era candidato al Congreso, lanzó al suelo al reportero Ben Jacobs de The Guardian.

• Mitch Daniels, gobernador de Indiana: arrestado en 1970 en Princeton. Encontraron suficiente marihuana para llenar dos cajas de zapatos tamaño 12, además de cargos iniciales de LSD.

• Trey Radel: arrestado mientras estaba en el cargo de legislador floridano por posesión de cocaína (2013).

• Ras Baraka (alcalde de Newark, Nueva Jersey): arrestado en mayo de 2025 por allanamiento al intentar entrar a un centro de ICE.

Y no sigo la lista para no abusar del tiempo del lector.

Lo que pasa con Byron es que, al igual que en su momento le ocurrió al Dr. Ben Carson, ambos son de los “negros” que no cuentan ni agradan al establishment republicano de Florida.

No hay político en el mundo que sea limpio, puro y sin manchas. Pero lo que no abunda es encontrar a quienes legislan siempre a favor de sus convicciones ideológicas.

El gran pecado de Byron es su alineación completa con la agenda de Trump, y eso es suficiente para caer mal en las redes y entre los influencers de turno… pero solo ahí. Sus porcentajes de ganar son superiores a los de sus contrincantes republicanos e incluso mayores que los de su posible contendiente demócrata, David Jolly.

Byron Donalds es el típico target político de la teoría del asesinato del carácter. Se continúa atacando su pasado (ya redimido) sin contemplar sus resultados como político. Y esta es la mejor manera de subirse al tren de los enemigos “wokes”para terminar haciéndole el favor al equipo contrario.

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