La nueva zafra en Cuba: arroz, leche y jabón regalado desde México y Uruguay

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Por Yeison Derulo

La Habana.- A vivir de migajas ya no es una metáfora en Cuba; es prácticamente una política de Estado. Antes el salvavidas venía con acento venezolano, olor a petróleo subsidiado y discursos interminables sobre hermandad bolivariana. Ahora cambió el patrocinador del desastre: México y Uruguay mandan barcos cargados con arroz, leche en polvo y hasta jabón para su sucursal tropical de la beneficencia internacional.

Según reportes recientes, este es ya otro envío de ayuda humanitaria impulsado por el gobierno de Claudia Sheinbaum hacia Cuba. Lo más pintoresco de toda esta escena no es que lleguen mil 600 toneladas de alimentos y artículos de aseo; lo verdaderamente tragicómico es el nivel de normalización del derrumbe.

Un país que durante décadas vendió la narrativa del orgullo revolucionario, de la resistencia heroica y de la soberanía irreductible, hoy recibe cargamentos de champú y pasta dental como quien espera la visita mensual del familiar que trae la jaba. Pasamos del “Patria o Muerte” al “México, no te olvides del detergente”.

Y entonces aparecen los funcionarios, muy solemnes, agradeciendo “desde lo más profundo del corazón cubano” cada lata de comida, cada bolsa de leche, cada jabón perfumado que arriba al puerto. Uno imagina el acto oficial casi como una ceremonia religiosa: ministros, cuadros del Partido y discursos grandilocuentes alrededor de cajas de aseo personal. Patéticos. Cuba ya no inaugura fábricas ni presume productividad; ahora celebra la llegada de un papel higiénico.

Mientras tanto, el libreto sigue intacto. La culpa siempre aterriza en Washington, el bloqueo y las conspiraciones cósmicas del universo. Jamás en décadas de incompetencia, centralización absurda y una economía administrada con la misma eficiencia con la que uno cuida un castillo de arena en medio de un huracán. Así que nada cambia: el país se hunde, pero con una narrativa impecable y agradecimientos internacionales de altísimo calibre.

Lo más irónico es que ya ni siquiera queda espacio para el orgullo. Antes al menos existía la fantasía de la autosuficiencia. Hoy el panorama es otro: Venezuela se quedó sin gasolina para repartir milagros, Rusia anda en sus propios incendios y entonces México aparece como nuevo padrino logístico de la supervivencia nacional.

A este ritmo, el próximo parte oficial dirá: “Compatriotas, llegó un cargamento solidario de escobas, desodorante y esperanza”. Y habrá aplausos. Porque cuando se toca fondo, hasta un jabón importado parece una victoria histórica.

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