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Por Dagoberto Valdés Hernández (centroconvergencia.org)

Pinar del Río.- Estemos despiertos, preparados, prevenidos. El presente y el futuro de Cuba nos están presentado nuevos retos, raros desafíos, algunas manipulaciones y ciertas máscaras políticas.

Estos peligros no son nuevos pero pareciera que los cubanos los reinventamos, somos propensos a chocar con la misma piedra, a repetir nuestros errores, a creernos cualquier cuento de camino, a tragarnos por hambre cualquier anzuelo, en fin, a no ver detrás de la fachada, a no escarbar en el fondo de las propuestas y a quedarnos con los fuegos artificiales sin averiguar bien en que fiesta estamos metidos, ni qué trayectoria, historia y tendencias han tenido quienes encienden hoy los fuegos de artificio, aprovechandola desesperaciónde nuestro pueblo. Abramos los ojos.

Hagamos caso a la historia pasada y reciente. Ella es madre y maestra. Ya son demasiadas mentiras, no solo nos han dicho mentiras sino que nos han hecho vivir en la mentira. Ya no son los que aparentan una cosa y son otra. Son aquellos a los que se refería el Venerable Padre Félix Varela en su articulo titulado «Máscaras políticas » publicado en el periódico El Habanero, desde Filadelfia, en 1824:

«Es tan frecuente entre los hombres encubrir cada uno sus verdaderas intenciones y carácter, que la persuasión general de que esto sucede, parece que debía ser un preservativo para evitar muchos engaños en el trato humano: pero desgraciadamente hay ciertos medios que sin embargo de ser bien conocidos, producen siempre su efecto, cuando se saben emplear, y la juventud, que por ser generosa siempre es incauta, cae con frecuencia en los lazos de la más negra perfidia. Yo llamo a estos medios máscaras políticas porque efectivamente encubren al hombre en la sociedad y le presentan con un semblante político muy distinto del que realmente tendría si se manifestase abiertamente. Son muchas estas máscaras, pero yo me contraeré a considerar las principales que son el patriotismo y la religión, objetos respetables que profanados, sirven de velo para encubrir las intenciones más bajas, y aun los crímenes más vergonzosos». (Varela, p.145).

Isla y diáspora

Veamos solo dos de esas «máscaras políticas» en la Cuba de hoy, Isla y Diaspora:

1. La máscara del «socialismo del siglo XXI»o, más reciente, del «socialismo reciclado». Le pusieron la máscaras del siglo XXI pero la esencia y las terribles consecuencias se han podido comprobar en sus enmascarados «experimentos» con seres humanos en Venezuela, Nicaragua, Bolivia, Ecuador, entre otros. Solo nos faltaría que en Cuba, la cabeza de la serpiente del viejo y el nuevo socialismo, que en la raíz son lo mismo, nos vuelvan a engatuzar con una tercera generación reciclada, enmascarada, revestida de progresía embaucadora, prometiendo, otra vez, el progreso mágico, la distribución de una riqueza que ha sido incapaz de crear y desde la miseria material, moral y espiritual que produce en abundancia.

A la estrategia se le ven las costuras: se presentan como renovados, se aprenden bien las dinámicas de la democracia, llegado el momento se meten en el juego democrático, son electos por los ilusos o nuevos ilusionados, y al final inmersos en el sistema nuevo, usan la democracia para destruir la misma democracia desde dentro: todos los demás son corruptos, los partidos no dicen, la nación necesita ser salvada…y quiénes se brindan como nuevos mesias: aquellos mismos que implodionaron la democracia. Y volverán los nuevos populistas, los nuevos autoritarios, los nuevos redentor iluminados.

Ese modelo de «socialismos reciclados» no es de justicia social, ni proyecto para los más vulnerables, ni responsabilidad social de la economía de marcado, ni un buen modelo de seguridad social para los mayores y enfermos. El socialismo real, el que hemos sufrido durante más de medio siglo, muta, se vuelve camaleónico, busca que color vestir ahora, para parecer moderno y atractivo. Se ha presentado con esa máscara política y, claro, enamora a muchos. Lo que, ahora, caídas las máscaras, nos encontramos que:

En lugar de…

-en lugar de justicia social, surgen nuevas clases, oligarquías, familias muy ricas… y la justicia para el pueblo, está ausente.

-en lugar de atención a los más vulnerables, suge un sistema de crear pobres y pobreza. Ahora todos, menos la casta, somos vulnerables en la salud, en la inflación, en la soledad de los mayores, en el hambre…

-en lugar de responsabilidad social de una economía de mercado, ahora no tenemos ni mercado que cree riqueza ni responsabilidad para administrarla. Ni siquiera la nación puede auditar al único nicho que se enriquece inventando un engendro que injerta lo peor del llamado socialismo con lo peor del capitalismo salvaje.

-en lugar de un buen programa de seguridad social, lo que tenemos es el desamparo de la mayoría de los cubanos, unido todo esto a una flagrante indefensión jurídica.

Si yo hubiera sido de izquierda, me apresuraría a desmarcarme no solo de estos funestos resultados, sino de la esencia misma de ese modelo que, por aferrarse al poder, a tenido todo el tiempo del mundo para demostrar no solo su ineficiencia sino su esencia y su rumbo que ambos van contra la naturaleza humana. Tantos investigadores, académicos, cientistas sociales, politólogos, humanistas, que hay en esta etapa de la historia, tanta metodología de la investigación, tanta fidelidad al dato, tanto neopositivismo y, sin embargo, no abundan, aunque las hay, unas verdaderas investigaciones que fieles a los datos, aún más , observando honestamente su entorno; todavía más, estudiando lo que están sufriendo en carne propia, este fracaso económico, esta degradación moral, este empobrecimiento espiritual, vale decir, este daño antropológico, aun así, no lo demuestran, no lo publican, no lo comparten. La nostalgia es más grande que la evidencia. El miedo al cambio y a la pérdida es más grande que la tozuda realidad. Y también, las máscaras son más agradables que el arribismo, que las ansias de poder, que el no querer reconocer el error pesa más que el daño causado a millones de personas. Cuba y el mundo necesitan mayor honestidad intelectual y mayor humildad política.

Más máscaras

2. Otras máscaras políticas son aquellas usadas por los «capitalistas del llegar primero» o los «empresarios del derecho de piso», devenidos en «expertos en transición». Me refiero a aquellos que no hacen sus negocios en connivencia con el régimen que viola toda la dignidad y los derechos humanos, para ellos lo primero es emprender; o aquellos que adivinan el futuro sin referencias éticas, y aseguran que mejorando en la economía, reflotando el modelo pertinazmente ineficaz y creador de pobreza, vendría después, como cabalgando en la prometida bonanza, el ahnelado cambio politico.

Se trata de aquellos que siendo leales al régimen que oprime, disfrutan viviendo en la Isla o en la Diaspora, de acceso a los que deciden, gozan de prebendas con tal que «contribuyan» y no precisamente con impuestos, sino con esa máscara de «prosperidad individualista» con la que, sin recato ni decoro, exhiben sus enmascaradas mipymes, automóviles, residencias, con impunidad, mientras justo a su lado, a veces, obsenamente cerca, supervive la inmensa mayoría de los cubanos sumidos en la miseria más espantosa. La ambición puede más que la razón. Su cosmovisión es el fantasma redivivo de un capitalismo viejo, decadente, que llamaban «tercermundista», pero que debería llamarse desalmado, amoral, relativista. que también va contra la naturaleza humana.

Hay otras muchas máscaras y mascaradas. Pareciera como si la inminencia del futuro que ya está aquí o la tentación de que todo se reduce a una visión más de negociantes que de politicos, hubiera desatado un carnaval en el que bailan juntos: los «manengues caudillistas» de toda la vida y los «mercaderes de Venecia» reciclados.

Pobre la Cuba del futuro si no estamos alertas, si no escarbamos, si no identificamos y denunciamos, todas las nuevas «máscaras politicas» como lo hizo valientemente en su tiempo Félix Varela a quien Martí llamo: «Patriota entero» y «santo cubano».

Cuba necesita patriotas así.

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