
De caridad en caridad: China envía 60 mil toneladas de arroz
Por Anette Espinosa
La Habana.- De caridad en caridad, así transcurre la supervivencia de este mal llamado país. Esta vez fue China quien volvió a extenderle la mano a Cuba con una donación de 60 mil toneladas de arroz, de las cuales ya comenzaron a descargarse las primeras 15 mil toneladas en el puerto de La Habana.
El acto, celebrado con funcionarios, ministros y diplomáticos incluidos, terminó convirtiéndose en otra postal dolorosa de una nación que ya no produce lo suficiente ni para garantizar el alimento más básico de su población sin depender de la ayuda extranjera.
El vice primer ministro Oscar Pérez-Oliva Fraga agradeció al gobierno chino por el gesto solidario, mientras el embajador Hua Xin aseguró que se trata del mayor proyecto de ayuda alimentaria individual otorgado por Pekín a la isla. Traducido al lenguaje cotidiano del cubano de a pie: si China no manda arroz, aquí medio país no sabe qué poner en la mesa. Esa es la realidad.
Después de décadas vendiendo el discurso de soberanía y resistencia, la revolución terminó administrando donaciones como si Cuba fuera un territorio arrasado por una guerra o una catástrofe humanitaria permanente.
La propia ministra de Comercio Interior, Betsy Díaz Velázquez, explicó que las 60 mil toneladas llegarán en cuatro embarques y serán distribuidas a razón de tres libras por persona para beneficiar a más de nueve millones de cubanos. Tres libras. Ese es el alivio que hoy puede ofrecer el Estado cubano gracias a la ayuda extranjera.
Lo más llamativo del acto fue el tono triunfalista con el que se presentó la noticia. No estamos hablando de tecnología avanzada ni de inversiones millonarias en infraestructura; estamos hablando de arroz, el alimento más básico de la dieta cubana. Un país agrícola, con tierras fértiles y décadas de promesas sobre soberanía alimentaria, celebrando que otra nación tenga que enviar barcos para evitar un desabastecimiento todavía peor.
Y así sigue Cuba: sobreviviendo a base de remesas, donativos y favores internacionales. Hoy es China quien manda arroz; mañana será otro aliado quien envíe combustible, medicamentos o cualquier recurso imprescindible para sostener una economía colapsada.
El discurso oficial continúa culpando exclusivamente al embargo estadounidense, aunque cada nueva donación deja una pregunta flotando en el aire: ¿cómo terminó una revolución que prometía dignidad y autosuficiencia dependiendo de la caridad internacional para «alimentar» a su pueblo?






