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Por Anette Espinosa ()

La Habana.- Silvio Rodríguez ha hablado. Y cuando Silvio habla, mucha gente en Cuba se detiene a escuchar, no porque sea un oráculo, sino porque sus palabras casi siempre tienen el filo de una confesión tardía.

En una entrevista concedida a elDiario.es, el trovador más emblemático del castrismo soltó una frase que debería bastar para dinamitar cualquier altar revolucionario: «Fidel dijo que nuestro modelo ya no nos servía ni a nosotros». Lo dijo Fidel. Lo sabía el tirano mayor. Lo sabía Raúl. Lo sabía el Buró Político al completo. Y lo sabía, desde luego, Silvio Rodríguez, que durante décadas guardó silencio mientras el barco hacía aguas y los pasajeros se ahogaban.

Ahora, con el agua al cuello y la isla convertida en un apagón perpetuo, el poeta decide rasgarse las vestiduras y preguntarse por qué no se hicieron los cambios. Tarde, Silvio. Terriblemente tarde.

El trovador cuestionó que «hayan pasado décadas de esas afirmaciones y no se hayan tomado medidas más efectivas al respecto» (https://www.eldiario.es/internacional/silvio-rodriguez-no-existe-historia-bloqueo-cuba-ahora-ultimas-medidas-cruel-e-inhumano_128_13272671.html). Es una pregunta interesante, pero la respuesta ya la conoce, y siempre la conoció: no se tomaron medidas porque el régimen nunca tuvo la menor intención de renunciar al control absoluto.

Cada reforma tímida fue aplastada por el dogmatismo, y cada intento de apertura fue ahogado por el miedo a que el pueblo descubriera que el emperador llevaba décadas desnudo. Silvio lo vio todo desde su privilegiada atalaya. Lo vio y calló. Porque una cosa es cantarle a la Revolución y otra muy distinta señalarla con el dedo cuando todavía repartían prebendas, viajes, escoltas y el aplauso de la nomenklatura.

¿Supone?

Lo verdaderamente demoledor es que Silvio reconozca que «si se hubiera adoptado una economía más realista hoy no sería posible lo que está sucediendo, o al menos no de forma tan dramática». Traducción: el sufrimiento actual era evitable. Fue evitable. Y el autor de Óleo de mujer con sombrero mencionó el bloqueo, justificó todo lo que pudo con el famoso embargo, por cierto, pero dejó sus pinceladas, que deben haber caído como persnos sobre cristal a la cúpula gobernante.

El hambre, los apagones, las colas, la basura pudriéndose en las calles, las universidades cerradas, las escuelas suspendidas, los hospitales sin jeringuillas, los muertos sin funerales dignos… todo era evitable. ¿Y quiénes pudieron evitarlo? Los mismos que Silvio aplaudió, les compuso canciones y les sirvió de banda sonora durante medio siglo. Los mismos que ahora nos dice, con una candidez que roza el cinismo, que ya en tiempos de Fidel sabían que el modelo era un fracaso.

El trovador también opinó sobre la construcción masiva de hoteles en medio de la debacle nacional, esos monumentos al turismo que se levantaban mientras los cubanos se caían de hambre. «Supongo que se debió a planes que surgieron tras el contacto con el presidente Obama. Desde esa perspectiva se hicieron gastos que después ya no tenía sentido detener», dijo.

¿Supone? ¿De verdad supone, Silvio? ¿O lo sabía perfectamente, como lo sabíamos todos, porque era vox populi en los círculos del poder donde usted se movía como pez en el agua? La construcción de hoteles fue una apuesta de la cúpula por el dólar fácil, un negocio que benefició a GAESA y a los militares mientras el pueblo sobrevivía a base de boniatos y desesperación. Y Silvio, el cantor del pueblo, ahora dice que «supone». La palabra elegida es casi una obra de arte de la evasión.

A Silvio se le da bien hablar…

Silvio defendió el derecho a la libre expresión y manifestación, y dijo que las fuerzas del orden deben custodiar las protestas para que no se produzcan incidentes. Hermoso. Conmovedor. Pero, ¿dónde estaba esa defensa cuando los manifestantes del 11 de julio de 2021 eran golpeados, arrestados y condenados a años de cárcel?

¿Dónde estaba esa voz cuando las Damas de Blanco eran dispersadas a empujones, cuando los artistas disidentes eran perseguidos, cuando los raperos críticos eran encarcelados? Silvio alzó la voz ahora, en la comodidad de un medio español, mientras en Cuba la represión sigue siendo la respuesta oficial a cualquier disidencia. La coherencia no es su fuerte. Nunca lo fue.

Silvio Rodríguez es un doble moral. Lo ha sido siempre, pero ahora la historia le ha colocado ante un espejo que no admite retoques. Sabe que sus ídolos comunistas sabían que el sistema cubano era un fracaso total. Lo supo cuando Fidel pronunció aquella frase. Lo supo cuando Raúl inició las tibias reformas que nunca terminaron de llegar. Lo supo cuando Díaz-Canel ascendió al poder sin otro plan que la supervivencia burocrática. Y sin embargo, siguió cantando.

Siguió componiendo odas a un proyecto que ya sus propios creadores habían declarado inservible. Ahora, desde su retiro de trovador canoso y reflexivo, lanza preguntas al aire como quien no rompió un plato. Pero los platos rotos son los de la gente. Los de los que nunca tuvieron escolta ni micrófono ni tribuna. Los que se murieron esperando los cambios que él mismo acaba de admitir que nunca llegaron. Y eso, Silvio, no se arregla con una entrevista.

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