López-Levy: el académico que no quiere que veas su expediente

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Por Anette Espinosa ()

La Habana.- Arturo López-Levy no es un académico cualquiera. Y él lo sabe. Se presenta como un analista independiente, una voz crítica pero moderada, un puente entre Cuba y Estados Unidos. Pero detrás del profesor con doctorado y las entrevistas en CNN hay una historia que él prefiere contar con cuentagotas. Porque cuando uno empieza a tirar del hilo, no aparece un disidente ni un opositor. Aparece un hombre formado en el corazón del sistema cubano.

Empecemos por el principio: López-Levy se graduó en 1992 del Instituto Superior de Relaciones Internacionales (ISRI), la fábrica de diplomáticos y cuadros políticos del régimen. No fue un estudiante cualquiera. Según información citada por CNN, entre 1992 y 1994 trabajó como analista político del gobierno cubano. O sea: no solo estudió en la casa del poder. Trabajó adentro. Conoció los pasillos, los códigos, los silencios. Eso no se borra con un doctorado en Denver.

Y luego está el apellido. Porque López-Levy no llegó solo al mundo. Está vinculado familiarmente a Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, el hombre que controló GAESA, el pulpo económico de las Fuerzas Armadas cubanas. Durante años fue un rumor. Hasta que el propio López-Levy, en una entrevista con el cineasta Ian Padrón, soltó una frase clave: dijo que su padre llevaba el apellido López-Callejas. Eso no es casualidad. Eso es un primo. Eso es familia. Y en Cuba, la familia es poder.

Un vocero de La Familia

Él mismo ha hablado de sus raíces judías y su vínculo con B’nai B’rith en Cuba, lo que explica su paso por Israel y parte de su identidad pública. Pero cuidado: una cosa es reivindicar la memoria familiar, y otra muy distinta es usar esa identidad para disimular conexiones incómodas. López-Levy sale de Cuba, estudia en Columbia, Carleton, Denver, se vuelve profesor en Estados Unidos, consultor del Diálogo Interamericano, analista de CNN. Un currículo impecable. Pero lo que no pone en su biografía oficial es que todo eso lo construyó sobre una base de cemento castrense.

Su discurso es razonable: diálogo, fin del embargo, más comercio, menos confrontación. Suena bien. Suena sensato. Pero sus críticos tienen razón cuando preguntan: ¿a quién beneficia ese discurso? Porque minimizar la responsabilidad del régimen, pedir paciencia, hablar de cambios graduales, es exactamente lo que el castrismo necesita para respirar. López-Levy no es un tonto útil. Es un exanalista del gobierno cubano que defiende posiciones que al gobierno cubano le vienen como anillo al dedo.

Después de la muerte de López-Calleja en 2022, circularon informaciones de que López-Levy viajó a Cuba. No lo ha desmentido con claridad. Y ese es el problema de fondo: no es solo lo que dice. Es lo que oculta. Es de dónde viene. Es a quién pertenece. En el caso cubano, las biografías no son curriculum vitae. Son expedientes. Y el de Arturo López (Calleja)-Levy tiene páginas que él prefiere mantener en blanco. Pero aquí las estamos leyendo. En voz alta. Para que no quede duda.

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