Sancti Spíritus, 512 años después: la villa que ya no celebra

Comparte esta noticia

Por Hermes Entenza ()

Núremberg.- Hoy es el aniversario 512 de la fundación de Sancti Spíritus, la Villa del Espíritu Santo. Todos los años escribo una semblanza sobre esa ciudad donde viví mi infancia, mi juventud y donde me hice viejo. Es la ciudad que más amo, pero este año no le voy a dedicar esas palabras que, con cierto misticismo, demuestran un cariño que nunca se irá de mí.

Esa ciudad mágica está muriendo. Sus calles vacías y su gente sin esperanza de un futuro mejor languidecen en un atardecer fantasmagórico. De nada sirve que en estos dos o tres días de celebración oficial se empeñen en mostrar imágenes de una ciudad próspera; es mentira. A «Santilé» la estrujaron, la mataron y dejaron su cadáver a la vera del río Yayabo.

Recibo muchos mensajes de amistades, y en ninguno hallo una razón para celebrar. Hay hambre, hambre de verdad, de esa furiosa que da deseos de morir. Hay infelicidad real, ausencia de ese ingrediente que, a pesar del mal, nos hace sentirnos fuertes para rehacer nuestro camino.

Sancti Spíritus, 512 años después: la villa que ya no celebra

Sancti Spíritus no es un conglomerado de casitas y callejuelas melancólicas; es un pedazo de nuestras vidas que se desvanece entre quejidos y añoranzas de un pasado verde como hierba fresca.

Hoy siento que la ciudad llora y silba el viento como en la Comala literaria. Mi deseo es que, en ese entramado de calles y laberintos, en esas plazas hoy vacías, y en tanta gente noble que mastica las cenizas de un pasado, un día se abran los cielos y descienda para siempre la prosperidad, y que los ojos llenos de melancolía se tornen faros de felicidad y símbolos de la plena libertad de sus ciudadanos.

Feliz futuro, Sancti Spíritus.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Lo más consultado hoy