Cuando al poder no le importa el pueblo

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Por Luis Alberto Ramírez ().

Miami.- Hay comportamientos humanos que ni siquiera el psicoanálisis logra explicar. Sin embargo, esta disciplina acierta en un aspecto fundamental: gran parte de nuestra conducta se forma a partir del entorno en el que nacemos, crecemos y nos desarrollamos. Si una persona vive en un ambiente donde el odio, la violencia y las malas costumbres son la norma, es muy probable que reproduzca esos patrones. Por el contrario, cuando se crece en un entorno donde prevalecen el respeto, la solidaridad y los valores, las posibilidades de convertirse en una persona íntegra son mucho mayores.

Pero existe una interrogante que desafía esa teoría. ¿Por qué el psicoanálisis parece quedarse corto cuando analiza sociedades donde la necesidad forma parte de la vida cotidiana y, aun así, miles de personas se niegan a renunciar a sus principios? También ocurre el caso contrario: hay quienes, aun naciendo en las cumbres del poder y disfrutando de todos los privilegios, terminan vendiendo su alma por ambición, obediencia o conveniencia.

Lo digo por la tragedia que vive hoy Venezuela. Mientras millones de ciudadanos sufren las consecuencias de la calamidad, hay funcionarios que prefieren someterse ciegamente al poder antes que facilitar la llegada de ayuda a quienes más la necesitan.

Resulta incomprensible que se obstaculice el trabajo de los voluntarios, que se retrase la entrada de la ayuda humanitaria y que, por órdenes del poder, incluso se pretenda controlar quién puede ayudar y quién no. En una emergencia, el tiempo salva vidas. Sin embargo, para un sistema socialista de corte autoritario, el control político siempre parece estar por encima del sufrimiento humano.

Es precisamente aquí donde el psicoanálisis encuentra una de sus mayores contradicciones. La inmensa mayoría de los venezolanos, sin importar si nacieron en Caracas, en el campo o en el rincón más humilde del país, ha demostrado una extraordinaria vocación de solidaridad. Son ciudadanos comunes quienes se organizan para socorrer a sus compatriotas. En contraste, son sectores del poder, especialmente la cúpula militar y los dirigentes chavistas, quienes obstaculizan ese esfuerzo colectivo, siguiendo las orientaciones de Delcy Rodríguez, Jorge Rodríguez y Diosdado Cabello.

Entonces surge una pregunta que bien podría formularse a cualquier psicoanalista: si el entorno determina la conducta, ¿en qué lugar nacieron y dónde se formaron moralmente quienes son capaces de impedir que la ayuda llegue a quienes la necesitan? Porque hay actitudes que no pueden justificarse por la pobreza, la educación o el ambiente. Hay decisiones que son exclusivamente responsabilidad de la conciencia de cada ser humano.

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