
Los que esperan
Por Rafa Junco ()
Madrid.- A las tres de la madrugada del 9 de diciembre de 2018, César entró en el Hospital Regional Alto Vale, en el sur de Brasil. Necesitaba atención. Una hora después saldría acompañado, aunque nadie de los que lo esperaban había pasado inicialmente por la puerta. Eran cuatro perros. Ana Cristina Mamprim, trabajadora del hospital, los vio reunidos junto a la entrada, pendientes de lo que ocurría dentro. La escena llamó la atención. ¿Quiénes eran? ¿Por qué habían seguido hasta allí a un hombre que vivía en la calle?
La respuesta estaba en una rutina que nadie del hospital conocía. César cuidaba de aquellos animales y compartía con ellos la comida que conseguía. A veces, prefería quedarse él sin comer para asegurarse de que ellos tuvieran alimento. Mamprim reparó en que los cuatro perros estaban bien alimentados y cuidados, algo que contrastaba con las dificultades materiales de la persona que los atendía. Durante su recuperación, el hospital permitió que los animales entraran en una zona pública para permanecer cerca de él.
La importancia de la lealtad
El personal también le ofreció comida y bebida. César comió una parte y reservó el resto para sus compañeros. No era un gesto preparado para la fotografía: Mamprim lo contó después como una de las cosas que había observado aquella madrugada. Cerca de una hora después de haber llegado, recibió el alta. Salió del hospital y los cuatro perros se marcharon con él.
Las fotografías tomaron aquella noche comenzaron a circular por distintos países pocos días después. Una guardia hospitalaria rutinaria se convirtió en una historia conocida mucho más allá de Rio do Sul. Mamprim desconocía las circunstancias que habían llevado a César a vivir en la calle, y decidió no convertirlas en un juicio sobre él. Lo que sí había podido comprobar estaba frente a la puerta del hospital: cuatro animales habían seguido a un hombre hasta allí, habían esperado mientras recibía atención y volvieron a marcharse con él.
César tenía muy poco que pudiera llamarse propiedad. Aquella madrugada quedó claro que eso no significaba que estuviera solo. A veces, la lealtad no se mide por lo que se tiene, sino por quién espera a la puerta cuando uno sale.






