
Turismo político: el circo que financia la miseria cubana
Por Joel Fonte ()
La Habana.- Fidel Castro bautizó estos conciliábulos con uno de sus recurrentes eufemismos: «convocar la solidaridad internacional» o «batalla de ideas». Pero los cubanos que hemos sufrido décadas de dictadura, de manipulación de la verdad, de represión y corrupción institucional, sabemos qué es en realidad: turismo político, circo político.
Un turismo, además, en el que el pueblo pone millones de dólares de su sudor, y la dictadura lo gasta en reuniones, congresos, simposios, asambleas y cientos de denominaciones más, pero que todas son lo mismo: reunir en el país a extranjeros que gritan su entusiasmo hacia la «revolución cubana», la ensalzan como el paraíso de Dante en la tierra, y juran estar dispuestos a defenderla con su sangre.

Lo gritan bien fuerte, exaltados por las fotos con los «líderes» cubanos, por los «agasajos» que cuidadosamente les organiza el aparato de propaganda del régimen. Y todo lo hacen desde el confort y los beneficios de los países capitalistas en los que viven, generalmente desarrollados, desde comodidades a las que no están dispuestos a renunciar para venir a vivir bajo esta dictadura, despojados de todos los derechos. Es una euforia para los reflectores, para las cámaras, por unos días, pero hasta ahí.

El castrismo invierte cientos de millones de dólares cada año en ese turismo-circo político. Y nosotros, los millones de cubanos hundidos por ellos en la más infame miseria, somos el entretenimiento que se exhibe, los animales de ese circo aberrante y perverso.
Y todo ocurre por una razón esencial: nuestro silencio. Porque si el pueblo levanta su voz, su puño, el circo se acaba. No más dictadura en Cuba. No más temor. Basta de tolerar injusticias.






