
¿Que cosa es soberanía?
Por Luis Alberto Ramírez ()
Miami.- Las directrices del régimen cubano nunca han sido una propuesta; han sido órdenes revestidas de consenso. No se discuten, no se cuestionan y mucho menos se rechazan. La obediencia se presenta como lealtad, y la discrepancia se convierte en traición. Ayer era un delito hablar de apertura económica y de capitalismo; hoy son las propias autoridades las que impulsan medidas que, durante décadas, condenaron como una desviación ideológica.
Eso demuestra que, para el poder, los principios nunca fueron inamovibles. Lo único verdaderamente innegociable ha sido la permanencia del régimen. Su ideología cambia cuando las circunstancias lo exigen, pero el objetivo sigue siendo el mismo: conservar el control a cualquier precio.
Hay algo que también debería quedar claro. El discurso oficial sobre la soberanía resulta difícil de sostener cuando se analiza la historia reciente de Cuba. Durante más de tres décadas, el país dependió política, económica e ideológicamente de la Unión Soviética. La influencia soviética estaba presente en casi todos los aspectos de la vida cotidiana: desde los libros escolares y las películas hasta los dibujos animados, la cultura y buena parte de la estructura económica. En ese contexto, hablar de una soberanía plena resulta, como mínimo, discutible.
Y hoy la historia parece repetirse bajo nuevas circunstancias. Cuando un país depende de ayudas externas, créditos, donaciones o alianzas para sostener su economía, es legítimo preguntarse dónde termina la independencia y dónde comienza la dependencia.
Por eso, cuando Díaz-Canel habla de “conquistas”, muchos cubanos se preguntan cuáles son esas conquistas. Una educación utilizada para el adoctrinamiento político, un sistema de salud que durante años fue presentado como una bandera internacional mientras el propio sistema nacional se deterioraba, y una economía incapaz de sostenerse sin apoyo externo difícilmente pueden considerarse símbolos de soberanía.
La soberanía no consiste únicamente en levantar una bandera o pronunciar discursos patrióticos. La verdadera soberanía se refleja en la capacidad de una nación para decidir su destino con independencia, garantizar el bienestar de su pueblo y construir una economía que no dependa permanentemente de la generosidad o los intereses de otros. Cuando eso no ocurre, lo que existe no es soberanía, sino dependencia disfrazada de patriotismo.
No basta con adaptarse a la mentira, no es real lo que no queremos ver, basta con saber que lo que vemos, no siempre es la verdad.






