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Por Eduardo González Rodríguez ()

Santa Clara.- Esas reformas urgentes me recuerdan el «desmerengamiento» controlado de la URRS. Solo que en la antigua Unión Soviética no se hablaba tanto de que la empresa estatal socialista era el centro de la economía, el motor impulsor, ni se dijo que el socialismo era irrevocable. Aquí sí. Seguimos con el intermitente de esta chatarra inmóvil encendido para la izquierda, pero se nota que estamos tomando velocidad y doblando a la derecha. Lo peor, el chofer es el mismo.

Allí se vendieron las acciones de las empresas estatales al mejor postor (aquí se hará también) y ya sabemos quiénes son los que tienen la plata para esos menesteres. La gente del pueblo, los trabajadores, no tienen dinero para comer, ¡qué van a tener dinero para comprar acciones! Es más, le teníamos tanto odio al capitalismo que si le preguntas a un cubano de a pie qué cosa es una acción, te responderá de vuelta: «es algo así como moverse. Como hacer cualquier cosa, no sé… vaya, como irse de Cuba. Esa es tremenda acción, ¿no?».

Los magnates del PCUS asumieron las empresas insolventes, las pusieron a producir, y mezclaron la plata de sus insignificantes corrupciones del pasado con las ganancias del presente y mintieron al descaro diciendo que esos millones de dólares que amasaban fueron el resultado del trabajo de seis meses. ¡Y aquí no ha pasado nada!

Haremos lo mismo, venderemos -o rentaremos-, pedazo a pedazo, la empresa estatal socialista (antigua propiedad social) a cualquiera que tenga fulas y seguiremos llamándole empresas socialistas. Y no es que lo vea mal, siempre pensé, como muchos, que lo que es de todos no es de nadie, pero las cosas como son, los nombres como son, y las razones transparentes, porque si no son transparentes, no son buenas razones.

El mismo perro…

Lo que ocurre es que estoy viendo la triste estampa de un país con franquicias de Mcdonald’s, Coca Cola, Wendy’s, Fish and Ship, turismo internacional, carros de lujo, mientras los cubanos, con una mierda de salario en tarjetas que nadie acepta (hasta el transporte «alternativo» en Villa Clara -carísimo, por cierto- hay que pagarlo en efectivo), siguen cocinando con leña, sin agua, recogiendo latas vacías en los tanques de basura y sin el más mínimo derecho a protestar porque «la revolución tiene derecho a defenderse». No lo duden, ese seguirá siendo el nombre del Capitalismo cubano: Revolución.

Y los inversores, los que comprarán acciones, los que importarán y exportarán, ahora sin trabas burocráticas, serán los hijos de los ministros y dirigentes que viven fuera y que ahora regresarán porque ya les maduraron la fruta con carburo. Todo listo para hacer dinero. Todo. Sin la presión de la prensa libre, sin un sistema de justicia que beneficie lo legal en vez de ocultar las aberraciones políticas de la burocracia.

Poco a poco nos obligarán a pagar un plus por la atención médica y la educación con el pretexto de que se le dará una atención diferenciada a los vulnerables. Vivir por ver. No quedará nada de las tan llevadas y traídas conquistas sociales. Insisto, lo peor, es que los que diacursaban de soberanía, principios, independencia, se convertirán, de la noche a la mañana -creo que por segunda vez en la historia- en magnates revolucionarios. Eso no es un cambio real.

El guion no sirve

Creo que no habrá cambios ni reformas profundas y posibles si no se sacan de la prisión a los cientos de muchachos que salieron a expresar su disgusto por las mismas circunstancias (ahora agravadas) que provocaron estas urgentes reformas.

Protestar y exigir es un derecho ciudadano, como es un derecho universal el acceso al agua, a la alimentación y a los medicamentos. Nos merecemos una prensa libre, que presione, que luche por lo derechos de la ciudadanía y no por el bienestar de un círculo poderoso.

Se han cometido muchos errores, sí, errores de todo tipo, pero en ningún caso son errores de la ciudadanía. O sí, quizás el único error ha sido aceptar los recurrentes paquetes de medidas, las rectificaciones, las promesas, de una burocracia que repetía año tras año «no se puede». ¡Caramba, y qué rápido se puede ahora! ¡A quitar trabas, barrer burocracias y a aflojarle un poco la soga al ahorcado para que tenga la impresión de que respira!

Esperemos a ver qué pasa en el intermedio de esta película. Pero la verdad es que el guion sigue siendo malo. Malo no, Malísimo.

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