El tren descarrilado del miedo: lo que un cubano siente al tomar una revista satírica

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Por Hermes Entenza ()


Núremberg.- Entro en la librería Schmitt & Hahn Buch und Presse, una de las cadenas de venta y promoción de libros más importantes de Alemania, fundada en el lejano 1841. Voy buscando alguna revista sobre el venidero mundial de fútbol y me encuentro con esta revista sumamente conocida en el país, nada más y nada menos que la TITANIC, fundada en 1979 por autores de la conocida «Nueva Escuela de Fráncfort» y pilar de la sátira política más despiadada y ácida de Alemania.

Ese que está en portada es Friedrich Merz, el actual canciller federal de Alemania y líder de la Unión Demócrata Cristiana (CDU), quien asumió la jefatura del gobierno tras liderar la coalición de la Unión y pactar un acuerdo con los socialdemócratas.

Llevo tres años viviendo acá, y anteriormente visité muchas veces las «garras» del capitalismo «inhumano y cruel», y aun con experiencia sobre lo que es la libertad de expresión, me sorprendí a mí mismo con cierto temor a tomar en mis manos un ejemplar de la revista. ¡Miré hacia los lados de reojo para constatar que no me miraban! Es el daño tan grande que tenemos los cubanos al enfrentarnos a la verdadera libertad. Es una carga tan pesada como un tren descarrilándose cuesta abajo.

Merz tiene muchos problemas; ningún político es perfecto. Proviene del sector corporativo y financiero y genera constantes debates por sus políticas económicas y de estabilización digital. Pero es mil veces mejor que los tres desfachatados que han gobernado en Cuba desde 1959 porque, ahí está, caricaturizado en una revista popular, y ni él, ni sus seguidores del partido CDU, ni la policía, ni funcionarios ni lamebotas del gobierno se inmutan por dicha imagen dirigida al gran público. Al contrario, es parte del escrutinio diario de la prensa de una nación donde la oposición y la crítica parlamentaria son pilares legales cotidianos.

Eso es la libertad de expresión: cuando la cadena de mando en cuestiones de pensamiento político comienza y termina en nuestro muy particular concepto, sin intermediarios ni censura.

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