
Sacar la lengua no siempre ofende
Por Rafa Junco ()
Madrid.- En buena parte del mundo, sacar la lengua es una provocación. Un gesto de niño malcriado o de adulto con poca educación. Pero en el Tíbet, durante siglos, significaba todo lo contrario: respeto, acuerdo, buenas intenciones. Como si la educación hubiera decidido darle la vuelta al gesto y convertirlo en un saludo. Y no era una rareza de unos pocos, era una costumbre documentada, una forma de decir «estoy aquí, no soy tu enemigo» sin necesidad de palabras.
La explicación que los propios tibetanos dieron al gesto es todavía más curiosa. Hay que viajar al siglo IX, cuando el imperio tibetano se desmoronaba. Su último gran rey fue Lang Darma, un hombre al que las crónicas budistas convirtieron en el villano de la historia: perseguidor del budismo, tirano, el hombre que lo destruyó todo. Los historiadores modernos, sin embargo, dudan de esa imagen. Pero la leyenda no duda nunca.
Y la leyenda dice que Lang Darma tenía cuernos escondidos bajo el cabello y una lengua negra. Una lengua de demonio. Después de su muerte, los tibetanos empezaron a mostrar brevemente la suya al saludarse. Una lengua de color normal demostraba que aquel desconocido no era la reencarnación del rey malvado. Y que se acercaba sin malas intenciones. El gesto era un certificado de buena conducta, una credencial de paz.
El gesto sobrevivió, aunque se fue suavizando. No era una lengua fuera de manera exagerada, sino una exposición breve, integrada en el saludo. Una forma de decir «mírame, no tengo nada que ocultar». Para un extranjero, aquello podía parecer una burla. Para un tibetano, era todo lo contrario: un acto de confianza, una declaración de buenas intenciones.
Así que la próxima vez que alguien te saque la lengua, no lo tomes a mal. Quizás no se esté burlando. Quizás solo esté diciendo, como los tibetanos, que no tiene nada que esconder. O quizás sí, y entonces la tradición se rompe. Pero si te encuentras con un tibetano, no te ofendas. Está haciendo lo que su cultura le enseñó: mostrarte su lengua para mostrarte que puedes confiar.






