Jorge VI y la trampa del cigarrillo

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Por Rafa Junco ()

Madrid.- El padre de la reina Isabel II murió antes de envejecer. Jorge VI apenas llegó a los 56 años. Y el tabaco, ese cómplice elegante de las tertulias y los despachos oficiales, estuvo detrás de buena parte de su deterioro. Porque el rey fumaba sin descanso, a todas horas, mientras los bombardeos caían sobre Londres y el Reino Unido resistía solo frente al monstruo nazi. En las fotografías de la guerra, siempre hay un cigarrillo entre sus dedos. Y en el palacio, su tos empezó a ser parte de la rutina.

En aquella época, fumar era normal, elegante, tranquilizador. Nadie entendía del todo el precio que el cuerpo terminaría pagando. Pero el cuerpo siempre guarda la cuenta. A Jorge VI le llegó la factura: problemas circulatorios, una cirugía para extirparle un pulmón, y finalmente la muerte en 1952. La imagen del rey agotado, consumido por un hábito socialmente aceptado, se convirtió en una advertencia que su tiempo todavía no estaba listo para escuchar.

La trampa de la nicotina

El tabaco no destruye de inmediato. Esa es su trampa. Permite seguir, trabajar, reír, caminar y creer que nada grave está ocurriendo. Hasta que el futuro llega a cobrar lo que el presente ignoró. Y lo mismo pasa con casi todo: la comida que repetimos sin pensar, el descanso que sacrificamos, el alcohol que parece inofensivo, el cigarrillo que se convierte en compañía. El cuerpo guarda la cuenta con una paciencia terrible.

Pensar en la salud no es vivir con miedo. Es recordar que nuestro yo del futuro también está sentado a la mesa cuando elegimos. Porque cada hábito es una deuda o una herencia. Y uno puede engañar al espejo, al médico, a la familia. Pero al cuerpo no. El cuerpo lleva las cuentas en silencio, y nunca pierde la factura.

Quizá una de las formas más silenciosas de amor propio sea tomar hoy una decisión que, algún día, nuestro cuerpo todavía pueda agradecer. Eso lo supo demasiado tarde Jorge VI. Y su hija, Isabel, reinó sin él durante medio siglo. Pero esa es otra historia. Esta es la de un rey que fumaba su condena mientras el mundo se incendiaba a su alrededor.

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