
Chapman condiciona un hipotético regreso con Yankees
Por Robert Prat ()
Nueva York.- Aroldis Chapman y los Red Sox caminan en direcciones opuestas. Mientras Boston se hunde en el sótano de la División Este de la Americana, 13.5 juegos detrás de Rays y Yankees, el veterano cubano de 38 años ha sido uno de los mejores relevistas de las Grandes Ligas: una carrera permitida, 26 ponches en 19.2 entradas y 13 salvamentos en 13 oportunidades.
Con récord de 27-39, los patirrojos parecen destinados a vender en la fecha límite del 3 de agosto. Y Chapman, con contrato de un año y 13.3 millones de dólares, es el activo más apetecible.
El «Misil» zurdo suma 380 salvamentos en su carrera, ocho Juegos de Estrellas y dos anillos. Su nombre ha sonado en los rumores de cambio, especialmente vinculado a los Rays y a los Yankees, equipos contendores que mejorarían drásticamente su bullpen con su brazo. Sin embargo, Chapman aseguró a ESPN Digital que no tiene control sobre su futuro: «No tengo cláusulas ni nada con ningún equipo. Solamente estoy enfocado en hacer el trabajo cuando me toque» (https://espndeportes.espn.com/video/clip/_/id/16824406).
Pero sí tiene condiciones. Su salida de Nueva York en 2022 fue turbulenta: perdió el puesto de cerrador, lidió con una infección por un tatuaje y fue dejado fuera del roster de playoffs por faltar a una práctica obligatoria. Mientras Chapman asegura que recibió permiso para viajar a Miami, el gerente general Brian Cashman lo acusó de insubordinación. El cubano dejó claro que, para un regreso, primero tendría que sentarse a hablar con el gerente.
Todo pasa por una disculpa
¿Y qué tendría que ocurrir en esa conversación? Chapman fue contundente: «Lo que pasó, pasó. En caso de que algo así pasara, yo creo que una persona de esta organización debería pedir disculpas primero». Cuando se le preguntó si se refería a Cashman, respondió sin titubear: «Sí». El lanzador exige un gesto que el orgulloso ejecutivo neoyorquino no ha ofrecido en tres años.
Eso sí, hay un obstáculo adicional: Boston difícilmente enviará a su mejor relevista a un rival divisional histórico. Pero si los Yankees están dispuestos a llamar, y Cashman a tragarse su orgullo, Chapman pone precio a la reconciliación.
Mientras tanto, el cubano sigue lanzando y esperando. Porque a sus 38 años, con un expediente de Salón de la Fama en construcción, el «Misil» sabe que puede elegir sus batallas. Y la primera, antes de cualquier regreso al Bronx, pasa por una disculpa.






