
Las cadenas son el castrismo
Por Luis Alberto Ramirez ()
Miami.- Las recientes medidas de apertura anunciadas por el régimen de La Habana demuestran una sola cosa: que el principal obstáculo para el desarrollo de Cuba no ha sido externo, sino interno.
Las palabras pueden justificar muchas cosas, pero los hechos terminan imponiéndose. Durante décadas, el gobierno cubano ha atribuido la crisis económica del país exclusivamente al embargo de Estados Unidos. Sin embargo, cuando el propio régimen comienza a permitir determinadas aperturas económicas, aceptar mecanismos antes rechazados y flexibilizar algunas restricciones internas, queda en evidencia que las barreras que han limitado el crecimiento de la isla fueron creadas desde dentro.
Un país no puede avanzar cuando sus ciudadanos tienen prohibido emprender libremente, cuando la iniciativa privada es limitada, cuando la producción está sometida a controles excesivos y cuando las decisiones económicas dependen más de la estructura política que de las necesidades reales de la población.
El deterioro no es culpa externa
El deterioro de Cuba no se explica por factores externos. Son consecuencia de un modelo interno que durante años restringió las fuerzas productivas, debilitó la economía nacional y redujo las oportunidades de sus propios ciudadanos.
Las palabras sobran; los hechos hablan. Si ahora se aplican cambios que antes eran considerados contrarrevolucionarios o imposibles, queda una pregunta inevitable: ¿por qué no se hicieron antes?
El mayor bloqueo que ha sufrido Cuba ha sido aquel que ha impedido a los cubanos desarrollar plenamente su capacidad de crear, producir y prosperar dentro de su propio país.
Ningún cubano dentro de Cuba ha tenido el derecho jamás de elegir, solo de levantar la mano para apoyar y juntarlas para aplaudir.






