El Nobel imaginario de Petro en La Habana

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Por Yeison Derulo

La Habana.- Gustavo Petro aterrizó en La Habana convencido de que iba a resolver los conflictos del planeta desde el Palacio de la Revolución. No vino a hablar del hambre que devora a Cuba, ni de los apagones interminables, ni de los hospitales sin insumos. El colombiano decidió asumir el papel de mediador universal, casi un candidato al Premio Nobel permanente, invitando a Donald Trump, Marco Rubio y medio mundo a sentarse en una mesa de diálogo. Solo faltó anunciar que la próxima cumbre sería en un barrio sin electricidad, iluminada con velas y ventilada con cartones.

Resulta enternecedor escuchar a Petro advertir sobre invasiones, misiles y holocaustos globales sentado al lado del mismo gobierno que lleva más de seis décadas invadiendo la tranquilidad de los cubanos. La épica internacional siempre luce elegante cuando no obliga a mirar la cola del pan, el mercado vacío o la libreta de abastecimiento. Hay una facilidad extraordinaria para salvar a la humanidad entera, aunque nadie encuentre una solución para servir un vaso de leche a un niño cubano.

Miguel Díaz-Canel recibió al visitante con una sonrisa de oreja a oreja. No todos los días aparece un mandatario dispuesto a repetir el libreto oficial sin preguntar por los presos políticos ni por el éxodo masivo que vacía la isla. Debió sentirse cómodo el anfitrión. En vez de preguntas incómodas, obtuvo abrazos, solidaridad y discursos grandilocuentes. Un intercambio perfecto: uno ofrece consignas; el otro responde con agradecimientos. El pueblo, otra vez, quedó fuera del salón.

Lo más pintoresco fue escuchar que Cuba podría convertirse en el puente del diálogo entre civilizaciones. Habrá que imaginar ese puente levantado con bloques de cemento inexistentes, alumbrado por una termoeléctrica rota y vigilado por funcionarios empeñados en silenciar cualquier voz disidente. La metáfora suena bonita en una conferencia de prensa. En la vida real, hasta cruzar una calle llena de baches parece una misión diplomática de alto riesgo.

Petro regresará a Colombia satisfecho, convencido de haber pronunciado otro discurso histórico. Díaz-Canel continuará agradeciendo la solidaridad internacional y culpando a Washington de todas las desgracias nacionales. Los cubanos, fieles espectadores de esta obra repetida, volverán a la rutina de buscar agua, inventar la comida del día y sobrevivir a los apagones.

Al final, la visita dejó muchas palabras, varias fotografías y exactamente la misma cantidad de soluciones: ninguna.

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