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Por Luis Alberto Ramírez ()

MIami.- En una intervención en el Instituto de la Memoria Histórica, dirigido por el activista cubano y luchador por la democracia Pedro Corzo, un joven víctima de la represión en Cuba durante los acontecimientos del 11 de julio de 2021 intentó expresar su opinión sobre el futuro de una Cuba democrática poscastrista. Sin embargo, fue interrumpido abruptamente porque, aparentemente, los conceptos que estaba planteando no eran del agrado del presidente del instituto.

Pedro Corzo le pidió que se enfocara única y exclusivamente en su experiencia durante aquel 11 de julio. Al joven le cayó encima un balde de agua fría y hielo; quedó desconcertado y, a partir de ese momento, todo se convirtió en una escena de vergüenza ajena.

¿Qué clase de democracia quieren para una Cuba poscastrista estos líderes octogenarios del exilio? Nadie de los presentes dijo nada. Todos permanecieron en silencio mientras el joven tenía que tragarse su incomodidad y su decepción.

No se puede construir un edificio nuevo con ladrillos viejos, ni se pueden lanzar piedras al cielo cuando tenemos un techo de vidrio. Un país tan destruido como Cuba necesita ser reconstruido desde sus cimientos, como precisamente estaba planteando el joven en su intervención: una nueva Constitución, un sistema democrático participativo, ideas frescas y la voluntad de dejar atrás el pasado para construir una Cuba diferente.

Cuba no puede repetir los errores del pasado

Pero la pregunta es: ¿cómo construir una Cuba nueva con ideas viejas como las de Pedro Corzo? De la misma manera que los parlamentarios cubanos permanecen callados cuando en el Parlamento los dirigentes del castrismo expresan argumentos absurdos, así también callaron los asistentes a aquel acto de reafirmación anticastrista cuando el presidente del instituto decidió limitar la voz de un joven que intentaba expresar sus ideas.

Vergüenza debería darles, porque a mí, que no estuve presente, me provoca una profunda pena ajena. No sólo por el joven que fue silenciado, sino por el futuro de Cuba cuando todavía tienen espacio y voz en el exilio aquellos que dicen defender la democracia, pero no parecen estar dispuestos a escuchar ideas diferentes.

Una Cuba democrática no puede construirse repitiendo los mismos errores del pasado. La libertad no consiste solamente en oponerse a una dictadura; también implica aprender a escuchar, aceptar el debate y permitir que las nuevas generaciones participen en la construcción del país que heredarán.

Porque una democracia donde algunos tienen derecho a hablar y otros sólo a escuchar no es una verdadera democracia. Es solamente una democracia de cartón.

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