El Necio llega a Moscú con su turismo ideológico

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Por Jorge Sotero

La Habana.- Москва, así escribió Moscú El Necio para decir que llegó a la capital rusa . Y con banderita incluida, como si estuviera llegando a Disney y no a uno de los centros históricos del poder autoritario mundial.

Con ese aviso, Pedro Jorge Velázquez aterrizó en Rusia para participar en el Sovintern, un evento que, por el nombre y la intención, ya deja poco espacio a la duda: reagrupar a las izquierdas del mundo bajo un mismo discurso, el de siempre, el que promete un socialismo “posible y necesario” mientras la realidad demuestra exactamente lo contrario.

El Necio, que de necio tiene más de lo que aparenta, no llega a Moscú como un simple participante. Llega como vocero, como pieza útil de una maquinaria propagandística que lleva décadas perfeccionando el arte de justificar lo injustificable. No nos engañemos: estos viajes no salen del bolsillo de nadie comprometido, salen del presupuesto de un régimen que no tiene para resolverle la vida a su gente, pero sí para financiar giras ideológicas por medio mundo.

Habla de fascismo, como si en Cuba existiera un mínimo espacio para disentir sin consecuencias. Habla de articulación, cuando lo único que se articula en la isla es la represión sistemática contra cualquiera que levante la voz. Y lo hace desde Moscú, una ciudad que hoy simboliza muchas cosas, pero difícilmente un modelo de libertades.

El escenario es perfecto: discursos grandilocuentes en salones bien iluminados, mientras en casa la oscuridad —literal y metafórica— sigue siendo la norma.

Lo más llamativo no es que exista este tipo de personajes. Siempre los ha habido. Lo verdaderamente preocupante es la normalización de ese cinismo: cantar contra el sistema desde un sistema que te paga los viajes, te da visibilidad y te utiliza como altavoz. Es una relación simbiótica donde todos ganan, menos el ciudadano de a pie, que sigue atrapado en la misma miseria que estos “defensores del pueblo” dicen combatir.

Al final, Moscú no es más que otra parada en el recorrido del apagón moral. Hoy es el Sovintern, mañana será cualquier otro foro con nombre rimbombante. Lo importante no es el evento, es el mensaje: hay toda una estructura dispuesta a sostener el relato, a repetir consignas y a vender una utopía que, en la práctica, solo ha servido para perpetuar el poder de unos pocos.

En ese teatro, El Necio no es protagonista… es simplemente un actor más.

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