La delincuencia no se combate con fotos

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Por Oscar Durán

Nueva Gerona.- Cuando el Ministerio del Interior escribe esas notas mal redactadas sobre entrega de objetos robados, da la impresión de que el mayor logro no es esclarecer un crimen donde una persona perdió la vida, sino organizar un acto público para devolver los objetos recuperados y tomarse la foto de rigor.

La propaganda oficial terminó convirtiendo en la Isla de la Juventud una tragedia familiar en una demostración de eficiencia institucional, como si el simple hecho de capturar a un presunto responsable en menos de 48 horas fuera suficiente para que todo volviera a la normalidad.

Nadie discute que detener al autor de un asesinato y recuperar parte de los bienes robados es lo que corresponde hacer a cualquier cuerpo policial del mundo. Ese no es un favor que le hacen al pueblo, sino una obligación. Lo preocupante es que el régimen presente como una hazaña extraordinaria algo que debería ser parte del trabajo cotidiano de las fuerzas del orden. Mientras tanto, los robos, los asaltos y la violencia continúan creciendo en distintos rincones de Cuba, una realidad que difícilmente aparece reflejada en los medios oficiales.

También resulta llamativo que se dedique tanto espacio a pedirle a la población que no crea en las redes sociales y solo se informe por los canales oficiales. Es el viejo libreto de siempre. Cuando la información circula fuera del control del Estado, inmediatamente se convierte en «rumor», «manipulación» o «noticia falsa». Sin embargo, fueron precisamente las redes sociales las que durante años destaparon hechos delictivos, protestas y accidentes que la prensa estatal decidió ignorar o publicar varios días después.

Lo que tampoco dicen es por qué la delincuencia ha aumentado tanto en un país donde durante décadas se vendió la imagen de que Cuba era uno de los lugares más seguros de América Latina. La crisis económica, la escasez, la inflación y la desesperación han empujado a muchas personas hacia el delito. No se trata de justificar a quienes cometen crímenes, sino de entender que la violencia también es consecuencia del profundo deterioro social que vive la isla y del fracaso de un modelo incapaz de ofrecer oportunidades.

Al final, el verdadero homenaje a la víctima no debería ser un acto público con cámaras ni una publicación en Facebook celebrando la rapidez de la investigación. El mejor reconocimiento sería construir un país donde estos hechos fueran excepcionales y no una noticia cada vez más frecuente.

Devolver un televisor, un ventilador o cualquier otro bien jamás compensará la pérdida de una vida, por mucho triunfalismo que quiera transmitir la propaganda oficial.

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