Queremos vivir, necesitamos vivir

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Por Joel Fonte

La Habana.- El crimen más atroz de esta dictadura no ha sido el hambre aguda que ha generado; un hambre que no discrimina entre niños, ancianos, embarazadas, discapacitados; un hambre demasiado prolongada, pero que no conocen los ladrones que desde el Poder la miran de lejos, porque a ellos no les alcanza, no invade sus casas ni el estómago de sus hijos.

El mayor crimen no lo han sido las horas interminables, los dias enteros sin electricidad, sin tener cómo cocinar lo poco y malo que millones de familias consiguen con tanta angustia;

Lo más atroz tampoco han sido las miles de muertes en selvas, mares, ríos, en cualquier lugar devenido en forma de huida del infierno en que este régimen asesino ha convertido a Cuba;

Lo más salvaje no ha sido tampoco convertir hasta lo más absurdo en cotidiano, normalizando sistemáticamente violaciones a los más elementales derechos humanos, como el acceso a la vivienda, al agua, a servicios de alcantarillado, de transporte, el acceso a servicios de salud, a la adquisición de medicamentos, a la posibilidad de una recreacion sana, a acceder a un empleo debidamente remunerado, a poder construir un proyecto de vida familiar, personal…

Ni siquiera el haber pisoteado repetidamente hasta los más mínimos derechos políticos de lo cubanos es la mas grave vejacion de que nos ha hecho víctima el castrismo: que nos hayan cercenado la República democrática, que nos prohíban pensar, exponer ideas, organizar partidos y desarrollar programas políticos para reorientar la vida del pais de modo pacifico…

No.

Porque nada de eso, ninguna de esas violaciones, de esos despojos brutales, a pesar de ser bestiales, se compara con el más grande crimen: el miedo.

La dictadura castrista lleva décadas administrando violencia física y psicológica sobre millones de seres humanos en este pais.

Décadas haciendo que esos millones de seres, entre los cuales ha habido y hay miles de mentes lúcidas, brillantes, geniales; hombres y mujeres que en un clima de libertades podrian catapultar a la economía, a la sociedad, al pais en general a lo mas alto, obedezcan docilmente en su mayoria a un puñado de incompetentes, de corruptos, de criminales, cuya única capacidad ha sido el empleo de la astucia y la violencia para someter.

Y asi, han inculcado en la psiquis colectiva de la nación, en cada hombre, mujer, anciano, niño, ese miedo paralizante, inmovilizador; un miedo que en su sistematicidad, en su ascenso gradual e interminable, ha desnaturalizado lo humano en nosotros, convirtiendo a un pueblo con elevadas ambiciones cívicas en una horda, en una sociedad fracturada que en medio de ese pánico se violenta a si misma para sobrevivir, sin encontrar el camino hacia el verdadero culpable y resolverse a exigirle justicia por sus crimenes.

El castrismo es eso: es fascismo, es nacismo, es exterminio, es muerte.

Y solo tras su fin, volveremos a la Vida.

Y ese fin va a llegar.

Tiene que llegar.

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