
Cuba depende de donaciones internacionales para sostener la atención médica infantil
Por Jorge Sotero
Sancti Spíritus.- Otra vez la misma escena. Cuba celebrando como logro lo que en cualquier país funcional sería rutina: la llegada de equipos médicos donados. Ahora, tres concentradores de oxígeno enviados por UNICEF al Hospital Pediátrico Provincial José Martí Pérez, en Sancti Spíritus, para atender a niños con enfermedades respiratorias agudas.
Uno se pregunta, sin mucho esfuerzo: ¿cómo es posible que un sistema que se vende como “potencia médica” dependa de donaciones para algo tan básico como garantizar oxígeno a sus pacientes más vulnerables?
La información, cortesía dle Escambray yrevestida de tono triunfalista, explica que estos equipos permitirán mejorar la atención en las salas de Respiratorio, divididas entre menores y mayores de un año. Con ellos, el hospital alcanza seis dispositivos de alta capacidad, esenciales para la nebulización de los pacientes. Todo muy técnico, muy correcto. Pero detrás de ese lenguaje clínico hay una realidad incómoda: sin esa ayuda externa, el centro no tendría cómo cubrir la demanda. Es decir, no estamos hablando de un extra, sino de una necesidad urgente que el propio sistema no puede garantizar.
Los médicos, como es habitual, agradecen. La doctora Claudia Borroto lo calificó como un gesto humanitario que beneficiará a niños con asma, neumonía y otras afecciones graves. Y claro que lo es. Nadie en su sano juicio cuestiona la importancia de estos equipos. El problema no es la donación, sino la dependencia. Porque cuando un hospital necesita que organismos internacionales le resuelvan lo básico, lo que queda en evidencia no es la solidaridad del mundo, sino el fracaso interno de un modelo que no logra sostenerse por sí solo.
El dato no es menor: estos tres equipos forman parte de un donativo mayor de 100 concentradores distribuidos en hospitales maternos y pediátricos del país. O sea, no es un caso aislado, es una tendencia. Cuba, la misma que durante años exportó médicos y presumió de su sistema de salud, hoy necesita que le envíen insumos esenciales para no colapsar. el discurso oficial sigue intacto, como si nada pasara, como si no hubiera una contradicción gigante entre lo que se dice y lo que realmente ocurre en los hospitales.
Al final, la frase de la representante de UNICEF lo resume todo, aunque quizás no con la intención que parece: cada insumo que llega es una oportunidad para salvar vidas. Y sí, tiene razón. Pero también es una señal clara de que esas vidas dependen cada vez más de lo que venga de afuera. Cuba no está recibiendo ayuda puntual; está sobreviviendo gracias a ella. Y eso, por más que lo maquillen, no es un logro. Es el reflejo de una crisis estructural que el régimen se niega a reconocer.






