
De la O Levy y el arte de explicar la oscuridad
Por Yeison Derulo
La Habana.- Vicente de la O Levy compareció otra vez ante las cámaras oxidadas del ICRT para explicarle al país algo que el cubano promedio ya sabe mejor que nadie: en Cuba no hay corriente, no hay combustible, no hay reserva y, por lo visto, tampoco hay vergüenza.
La escena fue la habitual. Un ministro -sin bigote- con cara de quien viene a anunciar el fin del mundo, hablando de una “compleja situación electroenergética nacional”, como si el cubano necesitara conferencia de prensa para enterarse de que lleva años cocinando con carbón y espantando mosquitos a mano limpia.
La culpa, por supuesto, sigue siendo del bloqueo. Siempre del bloqueo. Si mañana en Cuba desaparecen los mangos, aparecerá algún cuadro diciendo que Washington endureció el cerco frutal.
De la O Levy explicó, con solemnidad de neurocirujano, que el país estuvo cuatro meses sin recibir un barco de combustible. Cuatro meses. Ni uno solo. Es decir: una isla cuya generación depende de petróleo pasó un tercio de año esperando un barco como quien espera a los Reyes Magos.
El milagro ruso
La única salvación fue Rusia, ese ex tóxico geopolítico al que Cuba llama cada vez que está a punto de colapsar. Llegaron 100 mil toneladas de crudo “de excelente calidad”, casi descrito con romanticismo, como si no fuera petróleo sino una botella de vino reserva del ’82.
Con ese combustible hubo milagro instantáneo: bajaron los apagones, La Habana tuvo días de “cero apagón” y la gente casi se confunde pensando que vivía en un país normal. Pero duró lo mismo que dura cualquier felicidad en Cuba: nada.
Se acabó el petróleo ruso y volvió la programación habitual: 20 horas sin luz, dos horas de corriente para cargar el teléfono, echar agua y decidir cuál electrodoméstico merece vivir.
Lo más cómico de toda la comparecencia llegó con los parques solares. Resulta que Cuba tiene más de 1 300 MW instalados en energía solar, pero no pueden usarlos del todo porque el sistema está demasiado débil. Una joya del absurdo nacional: tienes energía, pero no puedes usarla porque el sistema no aguanta tener energía.
Es como comprar comida y no poder comer porque no tienes dientes
Entonces aparece la nueva esperanza nacional: baterías. Las famosas baterías salvadoras que ya casi parecen un personaje mitológico. Están llegando, están montándose, están en fase final, están por resolver. Siempre están por algo. Nunca están resolviendo nada todavía.
También habló de Felton, Guiteras, salideros, rodamientos partidos, pruebas hidráulicas, calderas fatigadas y una cantidad de términos técnicos que en traducción simple significan: aquello está sostenido con alambre, soldadura y oraciones.
Lo admirable del sistema eléctrico cubano no es que falle; es que todavía respire
Después vino el capítulo favorito del pueblo: los circuitos apagables y no apagables. Una especie de lotería energética donde algunos circuitos parecen hijos legítimos del sistema y otros son hijastros condenados a vivir en penumbra perpetua.
“Todos tenemos apagón”, dijo el ministro. Correcto, ministro. Solo que algunos tienen apagón con intervalos de humanidad y otros parecen estar ensayando para vivir en el siglo XIX.
En resumen, la conferencia fue un monumento al surrealismo cubano: no hay combustible, no hay dinero, no hay piezas, no hay reservas, pero sí hay explicaciones. Muchas explicaciones.
En Cuba podrá faltar la electricidad, pero nunca faltará una Mesa Redonda para explicar por qué falta.
Y así seguimos: un país entero esperando un barco, una batería, una pieza, una nube menos sobre el parque solar o directamente un milagro.
Al paso que vamos, el verdadero sistema renovable de Cuba no es el solar. Es la capacidad infinita del gobierno para reciclar excusas.






