
Basura y abandono en Centro Habana ponen en riesgo de incendio a la Parroquia San Judas y San Nicolás
Por Oscar Durán
La Habana.- La escena se repite, y ya ni sorprende. En pleno Centro Habana, la Parroquia de San Judas y San Nicolás vuelve a estar al borde de una tragedia por una causa tan absurda como alarmante: la acumulación de basura. Lo que debería ser un espacio de recogimiento y comunidad se ha convertido, por abandono y descontrol, en un punto crítico donde el fuego acecha. Y no es una advertencia exagerada. Según el comunicado emitido por los Padres Escolapios, la iglesia estuvo nuevamente a punto de incendiarse, como ya ocurrió antes.
La imagen no deja espacio para la duda. Las autoridades han sido notificadas en múltiples ocasiones. Municipio, provincia y nación: todos han escuchado, todos han prometido, todos han diseñado supuestos planes. Pero en la práctica, nada ha cambiado. La puerta lateral de la iglesia sigue dañada por un incendio previo, la pared continúa afectada y la basura sigue acumulándose como si fuera parte del paisaje. Es el retrato perfecto de un sistema donde la gestión se queda en palabras y la realidad se deteriora día tras día.
Hay un elemento que el propio comunicado reconoce, y no se puede ignorar: la responsabilidad ciudadana. Vecinos que ensucian, que prenden fuego, que no cuidan lo que es de todos. Pero sería un error —y casi una trampa— poner el foco únicamente ahí. Porque cuando la basura se convierte en una amenaza constante, el problema trasciende el comportamiento individual. Aquí hay una falla estructural evidente en la recogida de desechos, en el mantenimiento urbano y en la capacidad del Estado para garantizar condiciones mínimas de salubridad y seguridad.
El tono del mensaje es claro: la paciencia se agotó. Y no es para menos. La iglesia no está pidiendo privilegios, está exigiendo lo básico: que se evite un desastre anunciado. Que se actúe antes de que el fuego no dé margen para comunicados. La cita del profeta Jeremías no es casual. Habla de una “cueva de bandidos”, una imagen fuerte que, en este contexto, refleja la sensación de abandono y deterioro que rodea al lugar. No es solo una cuestión religiosa, es un problema social y urbano que afecta a toda la comunidad.
Al final, lo que ocurre en esta parroquia es un espejo de algo mucho más grande. Promesas sin cumplir, problemas que se arrastran, riesgos que se normalizan. Y mientras tanto, los ciudadanos —creyentes o no— quedan atrapados entre la negligencia institucional y la falta de civismo. La diferencia es que aquí el peligro es tangible: basura acumulada, fuego latente y una iglesia que, en cualquier momento, puede pasar de símbolo de fe a víctima de un sistema que no resuelve ni lo más elemental.






