Nada justo que defender: el sinsentido de una declaración bélica

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Por Hermes Entenza ()

Núremberg.- Después vendrá el olvido de todos los errores cometidos. Pasarán años para que la herida cicatrice; sin embargo, la felicidad y el buen vivir traen, como valor agregado, una dosis de bondad. Así debería ser, pero existen procederes tan cargados de odio y de tal brutalidad que, aun cuando pasen las décadas, será difícil olvidar y perdonar la inmoralidad y la soberbia.

Según leo, el gobierno afirma que la liberación de los presos políticos no es negociable. El punto es que tal cláusula ni siquiera debería estar sobre la mesa de negociaciones porque, en un gobierno que se considere justo y democrático, presos políticos como los cubanos —que solo han salido a las calles pidiendo libertad— no deberían existir. Con esta actitud petulante, senil y aberrante, quienes gobiernan demuestran la nula credibilidad que cargan sobre sus lomos.

La negativa a liberar a los presos políticos —entre ellos niños, jóvenes, mujeres en huelga de hambre y personas cuyo único «delito» fue filmar las protestas— confirma que en Cuba impera un sistema represor que debe ser cambiado por uno nuevo de paz y amor, instaurado por votación popular.

No hay nada que defender

Quien no ama a su pueblo no ama nada ni a nadie; ya no es un asunto de ideología —pues en Cuba ya no existe tal cosa—, sino más bien una bufonada que ha sido, desde siempre, el único método del Comité Central para gestionar los problemas.

Ellos, los de «allá arriba», son los culpables de lo que suceda en la isla. Si un padre es capaz de sacrificarlo todo por salvar a sus hijos, un gobernante justo tiene como primer deber librar a su pueblo de la obligación de suscribir un documento de guerra.

Definitivamente, el paso de los años no borrará la sensación de desamparo de todo un pueblo que, para satisfacer la arrogancia del poder, se ve forzado a firmar el sinsentido de una declaración bélica.

No, no hay nada justo que defender ni nada por lo que valga la pena morir.

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