
Anexionismo como brújula: una declaración de rumbo, no una promesa inmediata
Por Albert Fonse ()
Vancouver.- Para aquellos que quieren dar clases o demeritar la idea del Partido Anexionista Libertario, es importante dejar algo claro desde el inicio: aquí no hay ignorancia política ni confusión sobre la realidad. Se sabe que la anexión es casi imposible como primer paso y se entiende perfectamente que no es un proceso inmediato ni sencillo.
Requeriría primero la liberación de Cuba, por supuesto; luego un referendo libre donde el pueblo decida; después un proceso institucional en los Estados Unidos que pase por el Congreso, debate político y aprobación final. Sé que es un camino largo y difícil.
Precisamente por entender esa realidad, el término «anexionista» no se usa como una promesa vacía, sino como una definición estratégica. Lo que este partido representa es una línea clara: trabajar siempre para que Cuba tenga como eje principal de su política exterior a los Estados Unidos. Ese es el objetivo real.
Todo lo que acerque a Cuba a su vecino natural será impulsado: convenios bilaterales, tratados comerciales, acuerdos de defensa, posibles enmiendas, esquemas de tutela o incluso fórmulas de protectorado si las condiciones lo permiten. Todo lo que una, fortalezca y alinee a Cuba con Estados Unidos forma parte de esa visión.
Anexionismo como marca de dirección
El anexionismo, en este contexto, es una brújula política. No se limita a un resultado final único, sino que marca una dirección constante. Es decirle al país, sin ambigüedades, que este proyecto no va a mirar hacia China, ni hacia Rusia, ni a repetir alianzas que han traído control, dependencia y atraso. Aquí se asume con claridad que la estabilidad, la inversión, la seguridad y el crecimiento real pasan por una relación estrecha con Estados Unidos. Por eso, reducir el debate a si «la anexión es viable mañana o no» es no entender el planteamiento. El nombre del partido no es una promesa inmediata, es una declaración de rumbo. Es fijar una posición firme en un escenario donde muchos prefieren hablar sin definirse.
El componente libertario del partido define cómo se quiere construir esa Cuba. Libertario significa poner al individuo por encima del Estado, defender la propiedad privada como base de la prosperidad y limitar al máximo el poder político para evitar abusos. Está inspirado en la Escuela Austriaca de economía, que plantea que los mercados libres, la responsabilidad individual y la mínima intervención estatal son los pilares para generar riqueza real. En la práctica, esto se traduce en un Estado pequeño, reglas claras, respeto absoluto a los contratos y rechazo total a la manipulación monetaria y al control centralizado que destruyeron la economía cubana.
En política, los nombres importan porque marcan identidad. El Partido Anexionista Libertario deja claro que defiende la libertad individual, rechaza el modelo estatal que destruyó a Cuba y apuesta por una alineación estratégica con Estados Unidos como base para reconstruir el país. El resto dependerá de las circunstancias, de cómo evolucionen los escenarios y de lo que decidan los pueblos en su momento. La política cambia, gira, se redefine. Pero la dirección no puede ser improvisada. Eso es exactamente lo que este partido está dejando claro desde su nombre. Siempre recuerden que solo estoy organizando ideas.






